Siento un mar de aguijones que arañan mi pecho, el disparo de una bala perforando todos los resquicios que ahondan en mi espalda, ahogando todos los futuros pasados en litros de whisky barato.

Quisiera marcharme de este lugar. Mi palacio de cristal, donde nada vive, donde nada sirve y todo muere, paraíso de hielo donde mis lágrimas cantan su cuento de hadas maldito, dónde todos los demonios bailan mientras nosotros, ángeles de alas oxidadas, lloramos. Tierra de nadie, tierra marchita, tierra de infinitos, tierra de excusas y madrigueras de fotografías putrefactas.
Necesito huir del camino marcado, escapar de la crítica ácida del que ladra veneno hacia mis venas, quemando la piel que grita debajo de las vendas.

No eres tú, no serás tú el que se muera por volver a ver mis manos surcando las olas de tus piernas.
Tampoco seré yo la que espere que el destino cruce de nuevo las piedras de tu camino con las huellas cenicientas del mío.
Tal vez porque me he cansado de esperar. Tal vez porque no hay nada más que decir ni que hacer en estos 12 metros cuadrados de intransigente soledad, donde nadie suspira nada, donde el silencio se apodera del miedo a destrozar todos los cielos sin conciencia, sin remordimiento, gritar hasta que se ponga el sol donde los árboles enarbolan sus cantos de sirena.

Dices que te quieres ir, pero nunca te vas. Digo que un día me marcharé sin dejar rastro, pero aquí sigo, mis pies han echado raíces en este jaula mía, donde antes había alas, ahora sólo queda el canto amargo y vacío de un jilguero.

¿Como se escapa de este invierno sin ventanas?

¿Y yo que soy? ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cuánto tardarán mis manos en desangrarse de todas las espinas que se clavaron por querer cortar la flor de la ira?

¿Qué es lo que queda de mi? ¿Cuánto tarda en morir un cadáver y en revivir de nuevo?
¿Seremos capaces algún día de perdonarnos los agravios que nuestro orgullo escupió sobre nuestras cabezas?

¿Y si nunca terminas de irte del todo de esta habitación? ¿Y si el olvido se ha olvidado de mi y de nuestro infierno? Te quise todos los días de mi vida, pero de ese querer sólo ha salido una serpiente de sangre que me asfixia al rededor del cuello. El final. Sólo espero mi final. Mi ruina.
Que todo explote, que mis labios exploten y que la explosión se lleve por delante, el odio, la miseria, incluso a ti, perderte a ti, y a mi, y todos los recuerdos que me unían a tus cadenas.

Me lameré las heridas cuando la bomba nos haya destruido a todos. Y de la piel caída de mis lágrimas, renaceré de nuevo, pura, pájaro y mariposa, y avión, y perla, pluma, lirio y libertad.

Si. Libertad será mi nuevo nombre.

L I B E R T A D.

Texto: Laura Ginés.

3 comentarios en “No hay paraíso sin infierno

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