Los fantasmas están muertos
y sin embargo el tuyo me atormenta
en todas las calles,
en todas las aceras.

Vagas por la carretera
con lágrimas de plomo
entre las sombras de los huecos fríos
de tus manos,
guardas el horror de tu alma
en la profundidad de tus pupilas,
espejos que muestran
lo que tus muecas tratan de olvidar,

No sabes que bajo París también
se esconden los monstruos,
que no huyen,
que persiguen, invisibles,
las mentes de las personas
que los buscan debajo de sus camas,

y de alguna forma ahí estoy yo,
con el corazón atrincherado,
seco de llantos,
luchando por sobrevivir
al paso de tus futuras heridas,
y sentada en la cuerda floja,
las hienas del abismo
me gritan que salte,
que tienen hambre de miedos,
y de los recuerdos
acomodados en los cuerpos.

¿Cómo se puede hacer tanto daño
en tan sólo un beso?

Aún sigo teniendo las espinas
de tus rosas clavadas en mis venas,
aunque ni rosas tuvimos,
al menos no de las de verdad.
Ya no somos los mismos de aquel entonces,
y en tu boca yace un mirlo muerto,
tu masacre fue quién lo envenenó.

Que me vas a hablar tú de amor,
si fuiste un dulce
que con el tiempo se acabó
tornando amargo.
No queda en ti ni siquiera
una pequeña parte de nuestro mundo,
ni de todo el oro que guardaban
tus abrazos.

Los quemé en una hoguera
cuando tus cuchillos atravesaron
mis muñecas,

Construí mi corazón
a base de aguja y algodón,
y cada vez que se caía,
le cosía una cicatriz en el torso.

Pero sucede que me canso de esperar,
sucede que ya no tengo más hilo
ni más parches que coserle,
que no hay espacio para más remiendos,
y entonces comienzo de nuevo
con otro corazón.

Y entonces, qué ingrato se vuelve
el tiempo,
y que cínica la esperanza,
no soy perfecta, -Lo sé-
tengo la piel rozando el exilio
de tantas dagas,
he vomitado las mariposas,
que estorbaban en mi estómago,
no las quiero ahora que ya
no estás aquí.

No se puede gritar con la garganta
llena de fantasías
que una vez fueron promesas.

Lo mejor de ti eran tus caricias,
lo peor de mi es que yo me las creí.

No me lamento por haberte perdido,
porque ambos sabemos que
quién más perdió fuisteis tú
y tus artimañas
que se quedaron sin fuel y sin balas,
nunca tuviste agallas para dar
un paso cierto,

Hay que ser muy valiente
para encontrarle final
a todo lo q nos rompe la sonrisa
y nos envejece el corazón.

Esta vez no hablo en balde.
No quiero ver la sombra de tu muerte
nunca más pisándome los tacones.

Recuerda lo que te he dicho:
Bajo París también habitan los monstruos.
hasta para eso eras cobarde,
abrir la boca y sólo soltar veneno.

 

 

Poema: Laura Ginés.

Un comentario en “Bajo París también se esconden los monstruos

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