Tú, salmón que juega con los dientes postizos de una piraña y la mirada nociva de un tiburón. Con lo fácil que es comeros y que el Mar se olvide de vosotros.

Tú y tus espinas que envenenan a un corazón cuyo anzuelo es fácil de picar, ¿no te da vergüenza?
Te culpo a ti, por todas tus injurias; no eres ni bellaca, una mala hierba o cualquier otra cosa con la que tengas similitud. Eres la voz más negra de todas, el esqueleto en peor estado que existe; tu vida está vacía, ni las arañas se molestan en ofrecerte hilos para levantarte. Eres lamentable.

Me ilusiono con amigos, que son mi fortaleza, después de todo no hago invención ni oscuras fantasías. Puedes usarlos como quieras. Nunca estuvieron contigo, desde que estás o para ti, sino por tu culpa.

Sigue con el cuento, que yo ya me he cortado bastante con esa historia tan podrida que sueles llamar verdad. Envuélvete con tu agonía y tu poca destreza para escribir el reflejo de lo que nos lees todos los días.

El tiempo a veces me parece cruel, pues ya podría haberme avisado antes de esas malas intenciones.

No seré fuerte. Tengo un corazón profundo acomodado de esperanzas, aunque las primeras capas estén hechas de miedo, pesimismo o dolor por parte del pasado.
No obstante, prefiero ser cobarde y pedir perdón, que ser culpable y escudarme en coartadas.

Un comentario en “Frankenstein al desnudo

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