Querido fantasma del pasado:

¿Te acuerdas cuándo nos conocimos aquella tarde de noviembre?

Eras un alma condicionada por sus propios demonios. Hacía frío, y tu me abrazaste, y mi invierno y tu desierto se tocaron con la punta de los labios y sonó una mirada muda, y estallaron miles de sonrisas que callaban a gritos lo que el silencio no conseguía cantar.

Siempre supe que ibas a arrasar todo mi interior, que incendiarias mi alma, pero, cariño, nunca imaginé que ibas a doler tanto. Diría que no sé que pudo pasar para que un día todo cambiara de repente, pero eso sería mentir, y lo cierto, es que a mi boca nunca le gustaron las mentiras. Hay recuerdos que escupen fuerte, lo que el orgullo se traga a golpe de autoengaños. A veces, cuando se nos cae la venda de los ojos, fingimos que seguimos ciegos, para hacer más leve la herida que nos causa la realidad. Verdad que pensabamos que era una dulce mentira, y al final solo era una triste certeza. ¿Qué es mejor, una mentira piadosa o una verdad dolorosa? No lo sé. Creo que una mentira, repetida muchas veces, acaba convirtiénedose en una mustia verdad, y viceversa.

Fuimos cuesta abajo, sin frenos y acabamos con la vida echa trizas.

Todos somos actores en la película de nuestra vida, pero tú fuiste el protagonista de la mía, y eso hizo que me quedara en segundo plano, mientras tú eras el centro de un universo que se estaba cayendo a pedazos. Y aún así, cada noche nuestra estrella brillaba fuerte, iluminando el camino de nuestros sueños.

No fuimos lo suficientemente ciertos, ni fuertes para que el amor escribiera años en todos los para siempres que prometimos. A veces un para siempre solo dura lo que dura un abrazo. Fugaz. Efímero. No fuimos un principio bonito, ni tampoco un final feliz. Para ti solo he sido los puntos suspensivos que ponías cada vez que necesitabas lo que otra(s) no quería(n) darte, y volvías a mi lado cuando necesitabas un hombro para llorar todos los males que tu pasado se encargaba de recordarte cada vez que la soledad arañaba tus noches y los recuerdos heridos te impedían dormir.

Quisiera decirte que el amor es eterno, pero no, el amor también se acaba muriendo, y un día te cierra las puertas, tatuándote una cicatriz más en el corazón. Las rosas más bonitas son las que más espinas albergan, y por masoquista que parezca, son las que siempre queremos cortar, y las que antes nos arrancan más lagrimas.

Y fuimos dos cobardes.

Cobardes por no saber correr juntos en la misma dirección.

Cobardes, por callar todo lo que necesitábamos gritar. Por dejar que el silencio construyera un muro entre nosotros.

Cobardes por huir en vez de luchar.

Cobardes por dejarnos morir.

Es triste pensarlo, pero cielo, yo habría muerto por verte sonreir.

Ahora mismo, podría decirte que para mi ya no existes, que te fuiste hace mucho tiempo, y que ya no espero, con desdén, tu llegada, y tal vez sea verdad, o tal vez es que prefiera pensar que ya te has ido, que no vas a volver, que lo que un día muere, la vida ya no podrá volverlo destino, tal vez lo mejor es autoengañarse, para que mi presente no te eche de menos y mi futuro no quiera buscar a tu pasado lleno de heridas.

Que esperé mucho tiempo a que volvieras corriendo y me abrazaras por la espalda, y en la espera, perdí las ganas, la esperanza y media vida de lágrimas mal curadas. Y lo siento, pero ya no deseo seguir huyendo, ni tampoco persiguiendo algo que nunca ha existido. Puede que sea verdad que el ser humano se alimenta de esperanzas, pero es que tu me las robastes todas, y ahora solo queda un vacío y unas cuantas hojas en blanco de un cuento que se quedó a medio escribir.

Tal vez lo correcto, la única solución sea dejarse morir, y en ese final, encontrar un nuevo comienzo…

…. ya sin ti.

Espero que les haya gustado.

Texto: Laura Ginés.

Un comentario en “La metamorfosis del amor

  1. Hola querida Laura, mis respetos para ti y tu trabajo. Linda manera de describir a tu terrorífico fantasma del pasado, me alegra saber que pertenece al pasado. Querida amiga, la vida es bella, de estas experiencias prefiero el lado iluminado. Si cambiáramos el color del prisma con que miramos, estaríamos en mejor condición de aprendizaje, de no volver a cometer errores del pasado, de aprender a ordenar a nuestro corazón, de aprender a elegir relaciones no toxicas y más aún a defender nuestro amor sin reservas.
    Ese amargo sabor que deja un fracaso y esa inconformidad con nosotr@s mismo@s por culparnos de cobardía, son ecuaciones resueltas en la formula maestra de la vida, en fin solo son experiencias. Te aseguro que vivirás eternamente resolviendo ecuaciones y es que la vida se vive resolviéndola cada día.
    Desde el corazón ♥Lizet♥

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