Cuando empiezas a ver que el tiempo corre delante de tus narices, te das cuenta de que ya no corres en primera posición. El tiempo va en cabeza y a ti te quedan más de 1000 horas para, por lo menos, pisarle los talones. Juega como quiere con tu vida; lo eterno se hace insufrible y lo placentero se lo lleva en un pis pas.

Entonces me doy cuenta de que no solo he perdido tiempo, sino que lo he perdido todo en él; he perdido sensaciones que ya no recuerdo como se sentían, apenas tengo percepción de las cosas y las personas que están a mi lado solo ocupan esa pequeña porción de tiempo como si fuera dinero malgastado.

Ya no me quedan horas en el día para terminar todas las actividades, ya no me quedan minutos para frustrarme por cosas tan sencillas que no logro entender, ya no me quedan segundos para prestar atención a las emociones de los demás y calcarlos en mi mente como si fuera un cuaderno de dibujo.

El tiempo muchas veces me marea, no para de dar vueltas y a veces siempre cae en las mismas, siempre

se muerde la cola, como las estaciones del año. El tiempo no nos cambia, lo cambiamos.

Las personas cambian y cada vez se distancian más de lo que me gustaría. Algunas se pierden para siempre y otras simplemente están por ocupar espacio. Algo o alguien me hace falta, pero no llega, ¿se me habrá acabado el tiempo?

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