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Como no quererle si siempre me sorprende.

Teniéndole a él la idea de hombre ideal como novio, queda fuera de lugar. Él, quien siempre me saca una sonrisa que acaba en carcajadas, el que me saca de la cama con sus whatsapps, el que me viene a buscar a clase todos los martes y los jueves, el que esta dispuesto a soportarme en días en los que soy una Drama Queen total, el que me acompaña allá a donde vaya. El que me lee el pensamiento con la mirada.. El que aguanta (sin rechistar, pero dejando volar suspiros de “ala, ya estamos otra vez..” mis sesiones de fotos) (y en las que odio como salgo y hay que repetirlas quinientasmil veces hasta que haya una en la que yo salga bien), él, el que siempre tiene una sonrisa en su carita, el que siempre está en las buenas y en las malas. Él: mi corazón de melocotón, mi pequeño bichillo… Mi vida entera. 
Gracias por el tiempo pasado y por el que nos queda por vivir. Gracias porque, sin saberlo, me salvaste del mundo, me salvaste de mis fantasmas. 
Dime por qué siento esto. Porque no dejas de pasearte por mis sueños cada noche. 

Porque eres maravilloso. Porque de repente me da miedo que te vayas y no vuelvas. No quiero que te transformes en recuerdo, en nostalgia… En pasado. Me da miedo acelerarme contigo y que al final del camino, no haya nada. O que, en efecto, haya un final del camino. Pero me da igual. No puedo temblar. No puedo dejar que las lágrimas de recuerdos pasados nos entorpezcan nuestro presente. Da igual dónde vayamos a acabar en un futuro: lo importante es que dónde quiera que nos lleve el camino, vayamos juntos. Mirar en la misma dirección.

Ahora solo se, que me quedaría a morir en ti. Y como decirte que ahora mismo, no sabría vivir sin ver tu sonrisa llenándolo todo de colores. Y es que, muchas veces pensamos que nada podra transpasar nuestra muralla, hasta que de repente nos encontramos con alguien que si, que te desarma tan solo con un abrazo, y que destruye todos tus miedos. Que rompe con las cadenas que te ataban al abismo y llena de caricias los vacios que antes adornaban tus suspiros.

Solo hay una forma de que sepas cuánto te quiero: contándotelo a voz en beso.



Y en aquella noche de un 17 de noviembre solo una frase: “Cariño, quédate un rato más, que la noche es muy larga”.

Texto: Laura Ginés

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