Prácticamente todas las personas acabamos conociendo tarde o temprano a uno de esos individuos tóxicos con los que casualmente tenemos una enorme afinidad. Se podría decir que no hay relación tóxica si uno no quiere puesto que, en la relación de la que hoy os hablaré, yo fui igual o aún más tóxica que él. Hoy no habrá víctimas.

Después de un año sin vida social fuera del grupo de amigos de clase, y viviendo una época dura en la que nada iba bien y, en parte, no había forma de remediarlo, todo empezaría como consecuencia de tres asignaturas suspensas. Sus padres nunca siguieron una educación corriente, por muy joven que fuera, aquella niña decidiría su propio castigo para que la culpa del egoísmo por una decisión tan benévola la corrompiese después. Aceptó las consecuencias de una mala conciencia, desde pequeña había asimilado que su corazón no terminaría esta vida sin pecados. Aquella Semana Santa nada tendría que envidiar a las posteriores, un vecino de edad parecida la invitó a pasar cinco días de fiesta en su casa. No se trataba de una película americana, y ella no se lo iba a perder.

Nueva en la fiesta, sin querer beber, ni probar la comida, el evento podía ser reencuentro con una de sus mejores amigas, motivo de su distanciamiento con la gente del barrio. Los nervios no faltaban, sobre todo cuando la música comenzó. Ella, amante del ritmo, no quiso demostrar lo que sabía, pero él, que ya la había observado desde que entró, espero a la bachata perfecta para sacarla a bailar. Sólo una vez más había sentido una sensación tan bonita al danzar, y había sido con una compañera de baile con la que la sincronización siempre fue absoluta. La historia comenzó a cobrar sentido.

Aparentemente, todo debería haber sido bonito a partir de ese instante, pero ninguno de los dos se imaginó que ambos tenían miedo a lo mismo, al compromiso. Nunca se llegará a saber quién fue más cruel con el otro. Mientras uno se dedicaba a besar a toda persona cercana a ella, la otra lo trataba de forma despreciable, con insultos que podrían destrozar la autoestima de cualquiera. Tenían una forma rara de gustarse, mientras hubiese música, las cosas se arreglaban, no existían las discusiones. Cuando la situación estaba cerca de pasar a llamarse relación, ella lo trataba mal, y el se iba con otra desapareciendo meses. No sería hasta que ella empezara con otro individuo que el volviese a buscarla. Absurdo ¿verdad? Puedo asegurar que esta situación tan poco lógica se da más de lo que parece.

Pasado largo tiempo y pasando por alto anécdotas que en otro momento contaré, llegamos al final de la historia, o no. Nadie pudo imaginar que acabarían asistiendo como pareja a un quince cumpleaños de una amiga. Nadie pudo imaginar que llegarían a tener ensayos para actuar para la cumpleañera, y que la canción elegida sería la del Titanic. El cumpleaños llegó, él la fue a recoger a casa, los nervios se sentían en todas aquellas palabras que tartamudeaban. En el banquete la música sonó, y fue el mejor baile en mucho tiempo, pero el veneno pudo con ello.

¿Quién podría haber imaginado que ella acabaría en frente de él viendo como este se besaba con dos de las invitadas? ¿Quién podría haber imaginado que luego sería ella quien se encargaría de llevar a casa a una de esas invitadas? ¿Quién podría haber imaginado que él se quedaría aun así disfrutando de la fiesta con la invitada restante?

Si, señores, ese día el orgullo se les fue de las manos. Ella esperaba que el cediese. El problema fue que él también esperaba, y en base a un juego de cobardes, la situación acabó así. Era la última vez que acababan con todo, no habría próxima. Esta vez, él volvió a marchar, pero ella también se fue, era el momento de parar de hacerse daño.

Ese día faltaron y sobraron palabras a la vez…Meses después ella comenzaría una nueva vida. Meses después él también lo haría. Sin embargo, años después ambos se volverían a buscar obteniendo un resultado que haría reflexionar.

Dejemos esto para otro día…

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