(Basado en una historia real)

Imaginaros un reloj (tic… tac… tic… tac…).

Un reloj que avanza sin miedo en la oscura noche (tic… tac… tic… tac…) con un sonido voraz e inequívoco (tic… tac… tic… tac…) como si fuera un pensamiento de preocupación por un familiar (tic… tac… tic… tac…) un amigo (tic… tac… tic… tac…) el trabajo, la vida, el dinero, la salud, el tiempo (tic… tac… tic… tac…) y vosotros queréis dormir pero el sonido no os deja. Como la mayor rayada que jamás habéis sufrido… ¿Os imagináis ese reloj? Bien.

¿En quién os acordáis?, quizás, ¿en la madre del relojero?, ¿en el puto reloj de los huevos que no te deja dormir? o ¿os cagáis en el momento en el que comprasteis ese reloj o lo dejasteis en el cuarto? o quizás os preguntáis “¿por qué no pudo ser digital?” (no, pero a ti te gusta lo “vintage” porque las manecillas marcan un tempo que no marca uno digital…).

Pero ahí sigue el puto relojito tocando tu moral y poniéndote de los nervios (tic.. tac… tic… tac…) serías capaz de acustumbrarte a ese sonido con tal de no levantarte y cambiarlo de habitación o meterlo dentro de un cajón.

 Ahora imagínate un martillo (tic… tac… tic… tac…).
Uno grande y pesado (tic… tac… tic… TAC…) ¿qué se te ocurre?(tic tac tic bummm…). Buenas noches.

Telsa15

“Se necesita un poco de humor estos días, es lo único capaz de hacerme dormir.”

(PD: Espero que no aparezca el gracioso de turno a decir “ami me tranquiliza ese sonido” tenia un reloj toca pelotas y un martillo, ¿no te molesta el reloj? pues échale imaginación de donde puede acaba el martillo. Pero de buen royo)

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