Las preocupaciones son una de esas tantas cosas que pueden hacer que una persona llegue a desear romper los hilos con la vida y el futuro de esta, o potenciar la capacidad del cerebro lo suficiente para conseguir aquellas metas que uno nunca sabrá si nacieron de dentro o hubo alguien que lo controló para tenerlas. Hace demasiado tiempo que toda preocupación se basa en una sola, me pregunto qué porcentaje de lo que hago demuestra que voy hacia el éxito, y qué porcentaje muestra que descarrilé y el reloj siguió avanzando sin mí, haciéndome creer que lo que yo realizo en mi día a día es importante.

Una vez una persona me preguntó cuál era mi primer recuerdo, y sigo intentando recordar, si quisiera hacer una cronología de mi vida, no podría, mi mente no es capaz de distinguir con qué edad hice cada cosa, ni qué recuerdo fue anterior a otro. Repaso mi vida como fábulas sueltas, lecciones que he ido aprendiendo sin saber el orden aunque, en parte, no es importante ¿no?

Nunca será el momento adecuado para sacar conclusiones sobre nuestras propias acciones y sobre las situaciones que hemos vivido a lo largo de nuestra existencia, nunca será el momento de decir que hemos aprendido lo suficiente puesto que mañana todo nuestro pensamiento puede dar la vuelta debido a otra nueva situación. Por tanto, lo único que realmente merece la pena es plasmar aquellas fábulas que forman parte de nosotros, y comprobar que, en conjunto, todas aquellas conclusiones pueden llegar a tomar sentido en ocasiones y contradecirse en muchas otras. Llevar una lógica perfecta puede ser realmente duro, o simplemente aburrido.

Espero que leer estas fábulas sea tan entretenido como escribirlas,

Por cierto, soy Dixtal.

Anuncios