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No se me dan bien los principios pero tampoco los finales felices de cuento.

Que lo bonito del amor era ver tu sonrisa y la mía escribir su propia historia, sin comas, sin puntos suspensivos ni puntos finales. Al menos los sueños, los nuestros, nunca terminaron. Que una historia acabe en una hoja en blanco, no significa que no podamos imaginarnos, soñarnos otro final menos trágico o un nuevo amanecer que nos indique que nada muere, que todo son cenizas, que el fuego nunca se llegó a apagar del todo en nuestros corazones. Vaya con la esperanza, que caprichosa es, como juega con nuestras ilusiones, las llena de ojalás y las ciega de futuros imposibles. Imposible, como volver a recorrer tu espalda con la punta de mis dedos tatuandote el paraíso en cada caricia.

Tal vez sólo necesite decirte que no puedo estar enfadada contigo. Que te echo de menos, a pesar del tiempo que hace que no veo tu sonrisa señalándome el camino hasta tus brazos, a pesar de las arrugas que le han salido a mis ojos desde la última vez que nos vimos. Que ya lo he gritado a los cuadro vientos, y también por todo Madrid. Que necesito verte, abrazarte, y sentir que todo esta bien en ese corazón que antes latía tan fuerte por verme de nuevo o al menos eso quiero pensar. Creer que alguna vez me quisiste, aunque sólo fuera una migaja, aunque sólo fuera que me tuvieras en un pedacito de tu cielo, y el resto lo ocupara ella. Siento no haber sido tu tipo de chica ni tu mi tipo de chico. Aunque lo cierto es que me habría ido hasta el fin del mundo contigo. Aunque no fuera tu media naranja, ni tampoco la mitad de mi limón, ni la página siguiente de mi novela favorita. Habría escrito un nuevo capítulo contigo, sin lugar a dudas. Por muy diferentes que fueran nuestras almas. Al fin y al cabo, da igual lo distintos que fuéramos, cuando quieres de verdad a alguien, hasta sus defectos te parecen jardines en primavera. Y a mi los tuyos me encantaban, incluso cuando me hacías enfadar.

Hubiera movido tierra, mar y cielo tan sólo para estar contigo, tan sólo para poder abrazarte.

Pero te fuiste.

Si es cierto que te importaba, ¿por qué jugaste de esa manera con mis sentimientos? Yo sólo necesitaba que me quisieras. Pero que me quisieras de verdad, sin juegos ni trampas, ni terceras (o cuartas) personas; sin palabras cortantes ni falsas ilusiones. Creímos ser un eclipse de planetas, y sin embargo no conseguimos llegar ni a la luna. Tal vez sea mejor así, separados, ya que juntos éramos el desastre personificado.

Es triste pensarlo y sentirlo, pero ahora tan sólo somos un montón de abrazos rotos, una mancha de tinta en mitad de una canción que se quedó a medio escribir. Un nudo de recuerdos que me hacen daño. Somos el insomnio que no me deja dormir por las noches; el temor a mirarme en el espejo y verte a ti reflejado en él.

Y ahora sólo quiero escapar. Irme de aquí. Marcharme de nuestros recuerdos: esos que están hasta debajo de mi cama, de tanta soledad como he llorado, se me ha llenado el alma de vacíos y de fotos que soy incapaz de romper, que me atormentan siempre a media noche. Pero ¿Cómo se puede romper o tirar a la basura sentimientos tatuados a flor de piel? Si cada vez que intento sacarte de aquí dentro, siento que me dueles tanto que acabo rindiendome para no seguir llenando de cicatrices este pobre corazón; así que va a ser eso verdad que dicen que a veces es peor el remedio que la enfermedad. Porque hay días en los que el miedo me vence y consigue que me hunda en esta mierda de esperarte aunque en el fondo de mis ganas, sepa que aquello fue un adiós y no un hasta pronto ni un hasta luego a las seis en el banco del parque de siempre; que no vas a volver mañana, que el nunca significa el final de la historia que por cobardes no quisimos escribir.

Es hora de irme a dormir, la nostalgia tiene la mala costumbre de despertarse demasiado pronto y no dejarme dormir ni siquiera cinco minutos más.

Buenas noches, allá donde estés.

P.D. Si ves que llueve, no soy yo, son algunas de las caricias que nunca nos llegamos a dar, los viajes que nunca llegamos a hacer juntos y algunos besos en mi espalda, que se me han metido en los ojos y me han dado alergia. No te preocupes, que después de la tormenta siempre viene la calma.

Espero que les haya gustado.

Saludos,
Laura.

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