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El mundo esta en crisis. En crisis de emociones. En crisis de miradas. En crisis de felicidad, de solidaridad.

Es triste pensar que mientras yo escribo este pequeño texto, hay un niño que se muere de hambre en otro pais, de esos a los que la prensa y la historia llaman “el tercer mundo” y que tienen olvidados; también una mujer es lapidada en Arabia por no querer ponerse el burka, mientras un vecino la delata a su marido; en otro rincón del mundo, un hombre es asesinado tan sólo por amar y pensar diferente, por no seguir la norma establecida que dicta que un hombre sólo debe amar a una mujer y viceversa, pero dos personas del mismo sexo no pueden quererse ni criar un hijo (por lo visto es mejor que el niño o la niña estén huérfanos).

Mientras yo escribo este texto, y tú, mi querido lector, lo lees, hay una mujer maltratada a golpes por el que dice ser su marido, y tal vez, también haya un hombre maltratado por la mujer que tanto dice quererle, (por desgracia, hay de todo); también hay un hombre y una mujer oprimidos por los estereotipos marcados a fuego en la piel de sus sentimientos: si estas gorda entonces no puedes llevar legins ni tampoco falda, y no gustarás a ningún hombre porque el amor cierra sus puertas a los kilos de más, y si eres hombre te gustan las canciones de amor o no estas “cachas” entonces ya no eres un machote, eres un “marica”.

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¿Qué es lo que le pasa a este mundo? ¿Qué es lo que le estamos haciendo? Me duelen los ojos de llorar tanta amargura. ¿Cómo podemos ser felices sabiendo que al salir de la estación de metro hay un hombre, una mujer, que más da, pidiendo limosna, pues lo ha perdido todo? ¿Es este el mundo que queremos para nuestros hijos y las futuras generaciones?

No lo entiendo. Vivimos entre los escombros de nuestra ceguera, cerramos los ojos ante el dolor y el horror ajenos, pero luego nos creemos con derecho a gritar, a quejarnos de las injusticias que nos hacen a nosotros. El ser humano se alimenta de esperanzas, vive inmerso en su propio yo egoísta constante. Estamos rompiendo el mundo, el único que tenemos, pero para cuando lo queramos ver, para cuando queramos darnos cuenta, ya será tarde.

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Y mientras escribo en esta hoja en blanco; hay una persona encarcelada, encadenada a un par de barrotes en una celda olvidada, tan sólo por decir la verdad, por luchar contra la injusticia, contra la opresión, contra la tiranía de un mal llamado gobernador de una nación. Personas a las que les han robado sus derechos, haciéndolas creer que no los merecen, y animales torturados sólo para complacer a una multitud idiotizada; animales asesinados sólo para quitarles sus pieles y lucirlas en un escaparate con modelos anoréxicas, intoxicadas por las apariencias de esta zoociedad.

La Paz se ha muerto de tristeza, y el amor ha sido asesinado por la traición del que nunca dijo te quiero a la cara. La palabra justicia ha sido borrada del diccionario. Hemos enquistado a la primavera, y llenado de inviernos grises los sueños de los niños, que lloran lágrimas de futuros inciertos.

Niños vulnerables, niños desprotegidos, niños con la infancia tirada a la basura, niños con la sonrisa cubierta de grietas y abismos.

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Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Políticos corruptos que prometen arreglar el país que ellos mismos han arruinado. Promesas vacías de verdad, pero que están al límite de mentiras y de medias verdades, mientras nos saquean delante de nuestras narices. Y así va el mundo; y así nos va. Gente, personas, familias y amigos que se pelean entre ellos, que se enfadan y discuten por demostrar que su partido político es mejor que el del contrario, cuando lo cierto es que todos mienten. A todos les puede la codicia y el egoísmo, el dinero y el poder les han podrido el corazón. Y mientras, más bombas, y mientras más inocentes que huyen de países en guerra, pero nosotros les impedimos que lleguen a su destino por temor a la misma pesadilla de la que ellos están huyendo. Pero no lo queremos ver. Preferimos escudarnos en la misma mentira hipócrita de siempre: “es que vienen a imponernos su religión..”. Que triste. Ya nadie se acuerda de cuando España estaba herida y la gente se tenía que exiliar a otros países. Ya nadie se acuerda de eso. Que poca memoria.

Y mientras, el Ártico se derrite, y mientras los bosques arden, y mientras las especies se extinguen.

Pero nadie hace nada. Nadie alza el grito a los cuatro vientos para denunciar que estamos encadenados. Nos puede el miedo. Y los que si luchan, y los que si gritan y se enfadan cuando nace una injusticia, son perseguidos, asesinados o encarcelados.

 

Que triste.

 

Y como dice una canción de Mago de oz: “Cada vez que el hombre escupe al suelo, se escupe así mismo”.

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Saludos,

Laura.

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