Galopando sobre la espesura blanca del monte, vi a lo lejos dos pequeñas montañas, eran pequeñas y yo las quería…Por ellas bajaba un río que desembocaba en una cueva en la que yo había habitado, refugiándome del frío del invierno, encendiendo leña…

Ese mismo fuego encendido en la cueva se mantenía todavía mientras velozmente buscaba las esmeraldas.

Mientras subía las montañas me sorprendió un terremoto, como dos volcanes me envolvieron en su fuego…

Pero entre llamas y dragones avisté sus ojos verdes, su boca glaseada…sus labios fueron la perdición más sutil para hacerme prisionera…después del camino andado, de las batallas libradas…me engañó con su mirada…para atraparme entre sus labios de frambuesa, la princesa.

Ni los juglares encontraron respuesta, ni tampoco los románticos, pues ellos que tanto exageraban sus amores diciendo ser cada uno de ellos los más grandes amantes de la historia reconocen que mi amor supera cualquier viejo poema de letras esforzadas.

“Al corazón noble vuelve siempre el amor”

beso-de-labios[1]Te quiero

 

Anuncios