Me cuesta levantarme ¿vale?

No recuerdo describirme como un fuerte huracán arrasando con todos mis sentimientos por…

Sigo sonriendo, aunque ahora acompañada de pequeños ríos, que nacen sin cesar desde mis ojos recorriendo el corto camino de mis mejillas hasta desaparecer dejando una estela con el pesar que llevo dentro, haciendo así muestra de ello, el mal en mi rostro. Y mi boca agotada de tener que soportar las muecas de mis labios, vía final por lo cual salen los sollozos que intento aguantar en silencio, aunque son tantos acumulados que no les queda más remedio que escapar de mi angustia.

¿… Aún podrá escucharlos?

Los días pasan y mi pregunta sigue siendo la misma: << Si no puede oírme, o siquiera notar mi presencia… ¿quién lo hará?>>

Los arrepentimientos son los protagonistas que actúan en mi cabeza lo bastante bien como para hacerme pensar las veinticuatro horas, incluso cuando el sueño comienza en su nube.

Mi intención desde un principio era alejar nuestras almas pero al parecer, me olvidé de algunos puntos por descoser. Ahora ya no los encuentro y cuando tira uno de los dos duelen, de verdad, me duelen, me duele. Una de mis deficiencias ,ya que no soy infinita, es: no calcular bien, y esta vez, las Matemáticas me han fallado más que nunca, en estos problemas no tengo  inteligencia emocional necesaria para acertar, ni quiera acerté en las consecuencias.

¿En qué pensaba? Sinceramente no lo sé, tampoco lo recuerdo. Con esto, uno comprende que no puede privarse así mismo de lo que le pide la sensiblería, la que nos hace equivocarnos aunque con dignidad.

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Si cierto es que el tiempo lo cura todo, que al menos despoje esta sensación que todos odiamos tener, una molestia común en varios trechos de nuestra vida impidiéndonos ser nosotros mismos al cien por cien. Sí, necesito tiempo. Necesito tiempo para terminar de levantarme hasta mantener finalmente el equilibrio, igual que siendo un bebé enfrentándose con sus pies a caminar pero con el amor.

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