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Se acerca, te mira, lo desordena todo y luego se va dejándote a solas ante el caos, dejándote cara a cara al abismo; es en ese momento cuando te das cuenta de que su insomnio a enamorado a tus ojeras, porque desde ese momento, sueñas todas las noches con ser parte del mundo que se esconde bajo sus abrazos.

Es irónico que sea en los momentos de ausencia cuando descubrimos cuanto pesa la soledad sin la música que se desprende de su risa o el frío del invierno que se ha apoderado de tu corazón desde que ya no tienes el calor de sus besos recorriendo cada curva de tu cuerpo. Ese silencio gris y triste que invade las sábanas frías. Entrar en la habitación, que ahora esta llena de recuerdos de fotos ya marchitas, de lágrimas inundadas de nostalgia infinita. Como ese futuro junto a él que pensabas que nunca tendría final. Y cuando se acaba, piensas en que efímero ha sido todo. Piensas en que no has aprovechado el tiempo a su lado lo suficiente, en que todavía quedaban te quiero’s por susurrarle al oído. Y entonces te duele hasta la mirada. Se te llena de polvo la alegría, que hace acopio de eternidad.

Olvido ven, y calma el fondo de mis brazos. No quiero seguir recordando. No quiero cerrar los ojos y al abrirlos, descubrir que todo sigue igual. Que la pesadilla habita dentro de mi. Que no puedo librarme de su recuerdo.

Él era hermoso. Pero no me refiero a la hermosura de lo físico, sino a esa belleza que tienen las buenas personas. La gente que le brilla el alma cuán lucero en una noche sin estrellas, y que lleva flores tatuadas en la mirada. Él era un poema, una balada de amor; era sonrisa y también canción. Él era infinito como el mar, y cálido como el desierto a pleno sol. ¿Sabéis ya a lo que me refiero? Era guapo hasta cuando se enfadaba, y arrugaba el ceño al ponerse cabezota. Es esa belleza que tienen las personas con estrella. Las personas como él.

Y se que me hizo daño, y muchos diréis que no se merece tal cariño por mi parte. Pero yo os digo que nunca le habéis visto sonreír. Que no sabéis a que saben sus besos, o como huelen sus caricias. O como dolía verle llorar. Yo también le hice daño. Yo también le di la espalda a su alma cuando se calló. A decir verdad, fuimos cobardes los dos. El miedo a perder es el peor enemigo del amor. Y las palabras: las palabras también pueden ser cuchillos si no se las utiliza con prudencia. Se te hunden en el costado, y se te quedan incrustadas para siempre en la memoria de los sentimientos.

Juntos éramos una de las mezclas más bonitas dentro del arte y tal vez, del mundo entero. Solo nos parecíamos en una cosa: En ser diferentes y por eso sentirnos totalmente iguales.

¡Que ironías más bonitas tiene a veces la vida! ¿Verdad?

Por qué escribo esto, os preguntaréis. Pues porque una se cansa de los rumores falsos, de la gente falsa que sólo le gusta criticar. La gente que no sabe de amor y que de su boca sólo salen culebras y flechas envenenadas. Y porque no creen en que haya personas tan especiales y maravillosas que ni el olvido logre borrarlas del corazón.

 

 

 

Espero que les haya gustado.

Saludos,
Nawin.

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