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Solo digo que, nunca quise hacerte daño, pero todo se nos fue, y aunque ahora somos como extraños, yo jamás te olvidaré..”-(Maldita Nerea).

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Lo he intentado, te lo prometo. He intentado olvidarte. He probado todos los métodos que existen y los que no, también, sólo para transformar tu recuerdo en olvido. Pero es imposible. No se puede dejar de querer lo que empezaste a querer sin querer.

Así que si, te sigo queriendo. Nunca he dejado de hacerlo. Ni se sí podré. Fueron demasiadas las sonrisas que me diste, demasiadas lluvias en las que bailamos juntos.

¿Cómo pudimos dejar que una simple tormenta destrozara todo lo que habíamos construido a base de tentar al destino? Y es que a veces, el amor es eso, tirarle piedras al destino, retarle, desafiarle. Saber que si luchas, la batalla estará ganada. O perdida, o que se yo. ¿Yo? ¿Qué que se yo? Yo ya no se nada. Voy desconociendolo todo a cada paso que doy. Debería buscarme, pues estoy perdida. Pero tal vez no desee encontrarme. Tal vez quiera que nadie me encuentre. Que nadie descubra, y menos tú, que mi corazón sigue teniendo aquella rosa clavada que un día me regalaste con el primer beso de amor, y entonces también te quieras llevar eso contigo: el único recuerdo vivo que tengo de nuestra historia. De nuestro cuento. Aquel que pensábamos que nunca tendría final.

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A veces, sin darnos cuenta, se nos desangra el corazón. Pero a mi me sangra el corazón por los sueños perdidos, por los besos que no te di; por las caricias que ya no me dedicas, o por los abrazos que ya nunca nos regalaremos. Aunque me quieras y te quiera. Aunque nos sigamos queriendo. Ahora siempre tendremos hambre de todo eso por lo que tuvimos miedo a luchar. Ahora nos mata y nos matarán todos los te quieros que el miedo impidió que salieran de nuestra alma. Ahora el destino nos ha ganado la batalla.

Pero no la guerra.

Porque no pienses que por un segundo que me voy a quedar parada, aquí, sentada en un rincón de este vacío triste y lluvioso, o en la punta del abismo, sin hacer nada para encontrar la salida de este laberinto de grises.

Te quiero.

A veces un te quiero puede doler tanto como la indiferencia. Pero un te quiero reprimido y encarcelado puede ser una bomba para nuestro corazón. Nos puede quemar. Puede llegar a ser una herida en el recuerdo. Y es que creo que las palabras nunca dichas, son las que más nos hieren. Esas que callamos y que hacen las lágrimas nos encharquen de recuerdos y de eternos quizás.

Pero yo todavía sé que no todo esta perdido. Aún creo que podemos salvarnos de morir de soledad, de morir de arrepentimiento. Creo que nuestra historia todavía puede tener un final feliz, o simplemente, que no lo tenga nunca. Creo que todavía podemos escribir la historia más bonita del mundo, y hacer de ella muchos finales sin final. Como un final alternativo al final tan triste que le dimos hace tres años.

Pero un final que acabe donde empiece la nueva historia. Como una crónica que junta varias historias interminables en una sola: La nuestra.

¿Por qué no me besas y dejamos que el roce nos convierta en poesía?

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Espero que les haya gustado,

Saludos,
Nawin.

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