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En realidad, venía a decirte que ya no puedo más.

Que estoy harta de callar y de ser callada. Que me apetece darte un abrazo, y que tu me abraces, pero agacho la cabeza y me callo mientras las lágrimas arden en mis mejillas como ríos de lava. Total, cada vez que digo algo es como hablar con el silencio, como discutir con un muro de piedra. Pero hasta ellos me hacen más caso que tú. Si, porque al menos ellos no ponen burdas excusas. Odio sentir que sobra algo, porque tal vez la que sobra en tu vida soy yo. Pero luego dices lo mucho que me echas de menos y yo sonrio porque me has dicho algo bonito y me lo creo como una tonta. Como la tonta de turno a la que es fácil de engañar con tan sólo una sonrisa. La vida ofrece lo que das y lo que entregas; pero es que siento que entrego demasiado… Y sin embargo no recibo nada. Me siento atada. Atada a una vida que no quiero, que no he elegido. Atada a personas que nunca hacen por entenderme. Atada a un cuerpo que me golpea a traición, y al que yo devuelvo los golpes como si del boxeo se tratara; atada a algo que no sé controlar, atada, amarrada y encadenada a un sentimiento del que no se de dónde viene ni a dónde va. Queriendo gritar con fuerza, y sin encontrar las ganas para hacerlo. Me siento encadenada a algo que me controla sin que pueda escaparme ni correr… Atada a tí, a tu desdén, a tu “ahora te quiero, ahora no”. Odio estar confusa.. No saber que es lo que pasa. Lo que me pasa. Siempre me digo: “pasa de él, pasa de él, pasa de él..” Y cuando de verdad me creo semejante automentira, vas tú, me hablas, y me rompes todos mis esquemas. Y otra vez a volver a empezar. Y mientras, yo me caigo a pedazos. A trocitos de tristeza y nostalgia. Vuelvo a encerrarme en mi misma, en esa burbuja gris que me quema por dentro, que hace que me vaya agrietando poco a poco… Como las tierras de un desierto sin oasis. Como una mansión abandonada, con sus propios demonios y sus fantasmas. Como una melodía sin canción. Como un poema sin versos. Y yo intentando picar las piedras del muro que has construido al rededor de tu corazón con la palabra orgullo. Y aún así sólo consigo desangrarme aún más el alma. O lo que sea eso que dicen que sobrevive cuando el cuerpo muere. Porque a este paso, ni alma me quedará cuando venga la dama negra. Siento que nadie me entiende, así que supongo que por eso callo. Mis padres se piensan que he perdido mi propia batalla, me miran y ya no me ven. Mi madre vive amargada, viviendo su propio infierno de excusas y gritos despechados. Y a mis amigas ya no les cuento nada porque son demasiado especiales para mi. Demasiado geniales como para que tengan que lidiar con alguien como yo.

¿Qué como soy yo? No lo se. Estoy tan pérdida que ya ni siquiera encuentro adjetivos para describirme. Me han puesto tantos.. Buenos.. Malos.. Muy malos… Horribles.. Y puede que todos sean verdad. Pensé que era buena persona porque trataba de ayudar a una ex amiga con el mundo que se le venía encima, y no me di cuenta que mi mundo se estaba desmoronando a cada paso que daba el tiempo. Mi tiempo. Me siento como si hubiera traicionado todo lo que soy, lo que he sido siempre porque no me quedaban fuerzas para seguir intentando arreglar su universo de tormentas y agujeros negros. Tenía dos opciones: dejarla caer, y salvarme yo; o salvarla a ella y caer yo. Y al final, creo que ninguna de las dos ha estado a salvo de la caída.

Y luego estas tú.. Otra vez tú. Siempre tú, como al principio de la historia. Y luego estoy yo. Sólo que más rota aún. Con un nublado horizonte de caminos resbaladizos, yendo cuesta abajo y sin frenos.

Odio la noche, porque no consigo dormir. Demasiados fantasmas debajo de la almohada recordándome a gritos cada momento perdido de mi vida, cada tren pasado y en el que nunca tuve el valor de subirme.

Espero no hacer caso a mis voces, que me indican una fecha para mandarlo todo a la mierda. He perdido el sentido y la paciencia…

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Dibujo hecho por: Laura Ginés.

Saludos,
Nawin.

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