Nada hay como el destino. Tus decisiones, madres de tu presente que como padre tiene la suerte.
La vida es un juego peligroso que no tiene sentido cierto.
Se va entretejiendo el camino menos esperado y eres zarandeado entre la tela, a veces áspera, a veces suave, casi como aterciopelada… mientras la suerte prepara ortigas para cenar. Pero quizá esa noche salgas a tomar pizza y a valorar lo único por lo que merece la pena vivir, el Amor que siempre te alegra el peor día.

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