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¿Cómo se puede echar de menos a alguien que ya dejó de existir en tu vida? ¿Cómo se puede querer a alguien con balcones al pasado? ¿Como dejar de querer lo que empezaste a querer sin querer? Creo que me siento tan triste como una tarde de verano lluviosa y nublada. Sola como una flor sin pétalos. Sola como mis ganas de abrazarte.

No sé porque escribo esto, creo que porque tengo ganas de gritar, pero no me salen las fuerzas de la garganta. Como si las palabras se hubieran quedado mudas. Recuerdo que una vez dijiste que querías que te odiara. ¿Pero cómo se puede odiar aquello que un día logró que surgieran amaneceres con cada mirada? ¿Cómo se puede llegar a detestar todo lo que un día hizo que nacieran nuevos universos con cada sonrisa? ¿Cómo se puede odiar el amor? El amor es lo más grande que nos puede pasar. Amor. Hasta la propia palabra suena a melodía. El amor es la más bonita forma de vivir y también de morir. Y todos tenemos miles de formas de morir. ¿Os imaginais a la gente muriendo de amor? Pero de amor verdadero.

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Yo tuve la mía: te amé hasta que la última lágrima de mi corazón lloró. Te quise por encima del bien y del mal. Te quise de la forma más bonita y pura con la que se puede querer a alguien: como si fueras la obra de arte más hermosa jamás creada.
Morir de amor. Morir de felicidad. Es morir viviendo. Hay gente que esta viva, pero muerta al mismo tiempo porque es incapaz de querer. O porque nadie le ha querido nunca. Es horrible estar muerto en vida. Vivir sin que nadie te demuestre que eres la luz que ilumina su mundo, debe de ser triste estar vivo sabiendo que no eres el motivo de la sonrisa de alguien. Y luego hay otras personas, las locas de remate como yo, que al morir amando, vivimos. Que bonito. Que bello es entregar esa parte de tí misma a otra persona, ese pedacito de tu ser que estaba escondido dentro de tu alma, y que no sabías que existía. Yo morí contigo. Pero era una muerte de mentirigilla, una muerte a medias, porque vivía en cada abrazo que me regalabas.

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Pero como todo lo que viene, un día se va. Y ya no vuelve nunca. Se va para siempre.

Y ya no sé como sacarte de aquí.

Porque me dueles hasta en  sueños.

 

Saludos,
Nawin.

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