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Foto hecha por: Bárbara Muñoz

Mírate. Mírame. Miranos. ¿Qué nos ha pasado? Somos una breve historia de un día gris que pudo con nosotros. Nos vencieron unas cuantas palabras y un nudo de orgullos. Ahora la vida es un cielo lleno de grises y de gritos sin voz. Mi vida es un triste lienzo en blanco y negro. Una canción sin melodía. En mi jardín dejaron de cantar los ruiseñores, y las margaritas dejaron de crecer. Vivo al borde de un abismo de tristezas como si de una kamikace se tratara.

Creo que estoy muerta. Muerta aunque mi corazón lata. Porque solo son eso: latidos. Latidos que pesan como si fueran rocas cargadas a la espalda.
Somos el final alternativo a cualquier final feliz de las novelas de amor. Si, por eso que dicen de que el amor verdadero no tiene final. Entonces lo nuestro no fue amor verdadero porque se acabó para siempre. O tal vez el amor verdadero sean todos esos momentos de risas y abrazos sorpresa por la espalda que un día vivimos juntos, aunque luego todo pasara a ser pasto del olvido.
¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué esta guerra absurda de odios y gritos mudos? ¿Por qué tanto rencor, por qué tanta angustia y tanto dolor?
¿Por qué seguir negando que te echo de menos y que tú también me extrañas a mí?

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Fuiste mi más bonita casualidad. Eras la más increible de las catástrofes naturales. Un volcán de pasiones. Un huracán de caricias. Un terremoto de besos y abrazos. Mi primavera y mi verano. Mis otoños dando paseos por el Parque del Retiro. Fuiste mis inviernos viendo películas pastelosas arropados por una manta. Fuiste los paseos por los jardines en flor.

¿Y ahora que somos, que serás, que seré, que seremos? Apenas cenizas de un adiós, de una despedida. Una breve historia de una lágrima en una tarde gris de un 19 de mayo a las cuatro y media de la tarde.

Supongo que es lo mejor. Que cada uno siga su camino. Que vuelvan a crecer las flores en nuestro interior, y que salga el arco iris después de nuestra tormenta. No es justo que te mojes de la lluvia de mis ojos cuando estan tristes. Sigue siendo dorado. Sigue siendo luz. Sigue siendo diamante y piedra preciosa. Y plata y bronce. Eres oro. Por eso nadie te merecerá jamás. Porque las estrellas no se pueden cortar de los jardines del universo.

Y Dime: ¿Qué nos queda ya?

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Saludos,
Nawin.

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