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Siempre fui más de tinta y de papel, pero no me dio tiempo a escribirte mis últimas palabras, podías aparecer en cualquier momento y detenerme con tan solo una sonrisa. Siempre me demostraste que estuviste ahí. Cuando daba por perdido que nadie iba a luchar por mí nunca más, apareciste tú, y ahora te preguntarás donde estoy yo. Yo ya no estoy, pero estoy viva.

Tenía dos opciones: salir por la puerta o la ventana, y eran muchos pisos que perdonar. Me hubiese gustado decirte adiós con un gran abrazo, pero me pegaría tanto a ti que nada nos hubiera podido separar. Tú necesitabas una persona alegre en tu vida, alguien mucho mejor, alguien que te animara las mañanas, que te demostrara lo bonita que es la vida, alguien con la madurez suficiente para no esconderse debajo de las sabanas, por miedo a que aparezca un monstruo debajo de la cama. Y yo… yo soy la reina del drama, lo llevo en la sangre, siento todo a flor de piel, como tus besos acariciando mi cuello, o como tus caricias erizando mi piel, como llevarme a comer un día, así sin más al Ginos, o como aquella vez que apareciste por sorpresa en la puerta de mi casa.
Pero como bien dice la película “Soy como granada y en algún momento explotaré, así que me gustaría que hubiera el menor número de víctimas posible.” No era justo que me tuvieras que ver con lágrimas en los ojos, encerrada en mi habitación, desquiciada.

Que ahora mismo estoy rota en mil pedazos porque siento que mi cama es demasiado pequeña, y que no tengo a nadie que me abrace por detrás para que no me lleven los miedos. Pero finalmente una se da cuenta de que a veces tienes que alejarte de las personas que más quieres, y eso no significa que no les quieras, ni mucho menos, muchas veces eso hace que les quieras más. No me he ido del todo, debajo de la almohada te he dejado los latidos de mi corazón. Ahora no sé como late, porque ni siquiera siento que respiro, solo sé que siento haberte metido en mi vida, y que te debo demasiado, mucho más que un papel debajo de la almohada, mucho más que lágrimas encharcadas, mucho más que un escrito, mucho más que todo lo que un presente puede durar. Mucho más que un abrazo de despedida. Ese que nunca te llegué a dar antes de que te marcharas para siempre.

Mucho más que un pasado o un futuro. Y puede que nunca pueda llegar a recompensarte tanto bien.

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Saludos,
Nawin.

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