Etiquetas

, , , , ,


Nelson Mandela se entregó en una batalla sin cuartel contra la intolerancia, luchando por los derechos y la libertad de los africanos, por la igualdad entre blancos y negros.

image

Hay un momento clave en la biografía del líder sudafricano: su discurso ante el Tribunal Supremo de Pretoria el 20 de abril de 1964, en el que explicó las razones que le llevaron a emplear la violencia, en actos de sabotaje y sin pérdida de vidas, contra el Estado represor.
Este discurso, leido ante los jueces que le condenarian a cadena perpetua, es, además de un documento para la historia, el compendio de las ideas que le acompañarán hasta el final de sus dias.

“He anhelado una sociedad libre y democrática”.

Madiba era un gran orador y sabía en todo momento cómo hablar desde el corazón y, ante el tribunal que iba a decidir su destino, hizo un retrato muy real de los oprimidos:

“Cuando hay que llevar o limpiar algo, el hombre blanco siempre mira a su alrededor buscando a un africano que lo haga por él, tanto si el africano es un empleado suyo como si no. Debido a esta actitud, los blancos tienden a considerar a los africanos como una estirpe diferente. No los consideran personas con familias propias; no se dan cuenta de que tienen emociones y de que se enamoran igual que los blancos; de que quieren estar con sus mujeres y sus hijos igual que los blancos; de que quieren ganar suficiente dinero para mantener a sus familias como es debido, alimentarlas, vestirlas y enviarlas al colegio”.

Hoy en dia podría parecer que para reevindicar algo tan básico no era necesario llegar hasta los respresentantes de la “justicia”, pero un régimen que niega los derechos a la mayoría, sólo por el color de su piel, no deja otra alternativa que la lucha. Y había que ser muy valiente para plantar cara a quienes eran capaces de asesinar a 69 personas y herir por la espalda a otras 180, porque no fué otra cosa la matanza de Sharpville, que dio un giro a la acción política de Madiba y los líderes de Congreso Nacional Africano.

Nelson Mandela concluía su discurso de defensa sin titubeos, seguro de estar cumpliendo una batalla irrenunciable: “He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”

Pasará casi tres décadas de su vida encarcelado, de presidio en presidio, sufriendo un tremendo desgaste físico y psicológico que dejaría huellas imborrábles en su cuerpo y en su carácter.
Pero cuando porfín abandona la prisión, de la mano de Winnie Mandela, el 11 de febrero de 1990, su determinación de hacer realidad una Sudáfrica multirracial de paz y convivencia serían, si cabe, aún más fírmes.

“Nadie nace odiando al otro por el color de su piel, procedencia o religión. Si se aprende a odiar, también se puede enseñar y aprender a amar”.

“La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndoles”.

“El deporte derriba las barreras sociales”

Es un período en el que su figura, ya internacionalmente revindicada, se agiganta hasta alcanzar dimensiones de mito redentor. Madiba no guarda en su pecho rencor alguno hacia el hombre blanco y lo demuestra, sagazmente, en cada uno de sus actos públicos.

Como cuando, ya de presidente del pais en 1995, vistió la camiseta del equipo nacional de rugby para entregar la Copa del Mundo al capitán Afrikáner. Mandela sabía que el deporte “tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas cosas. Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras raciales.”

Ese mísmo espíritu, ese difícil ejercicio de perdonar injusticias y derramamientos de sangre, fué posible gracias a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presidida por otro líder mundial, Desmond Tutu. Había que pasar página y mirar con serenidad el pasado para construir, todos juntos, negros, blancos y minorias tradicionales como los indios, una nueva Sudáfrica.

Éste es el legado de un hombre que cambió los oscuros destinos de una nación en decadencia moral y que las nuevas generaciones deberían preservar como su mayor tesoro.

Espero que les haya gustado.

Saludos,
Nawin.

Anuncios