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Gracias. Si. Te lo digo a tí, pequeño troglodita. Ahora que nadie puede oirnos ni vernos. Ahora que todavía no es tarde. O tal vez si lo sea. No. Para mi no lo es. Pero para tí a lo mejor sí. O no, quien sabe.

Gracias. Gracias por haber estado a mi lado. Por haber aguantado tanta tonteria y mi mal humor. Por haberme escuchado hasta tener dolor de cabeza (porque es verdad eso de que no me callo ni debajo del agua). Gracias por cada sonrisa en los malos momentos. Por esos whatsapp a la una de la madrugada. Por esos 200 SMS que llegaste a mandarme cuando tenia aquel NOKIA indestructible que no se rompia ni aunque lo tiraras desde un décimo piso y lo centrifugaras en la lavadora, cuando todavía no tenia el quita vida social ese llamado wachap (como lo llama mi abuela).
Gracias por aquel año en el que me enseñaste tú más que los 17 años en el colegio y en el instituto en toda mi vida, (aunque parezca increible, sí te escuchaba cuando me contabas tus historias y tus inquietudes).

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Seguramente, habrá gente que me diga que no te mereces más que dos hostias bien dadas (y puede, solo puede, que tengan algo de razón), pero bueno, es una manera de ver las cosas, yo tengo la mía. Asi que, supongo que sí, que te tengo que dar las gracias, almenos para demostrar que e abierto los ojos, que por fín se me ha caido la venda con esa otra persona. Y también gracias por… Bueno, porque gracias a tí soy quien soy ahora, y no la chica tímida de 17 años, cortada y con miedo a la opinión de los demás que conociste hace ya algunos cuantos años. Ahora el único problema que tengo es que digo lo que pienso sí o sí. (Vamos, que no hay manera de que nadie me cierre el pico). No se si es un error, o una virtuz, pero me ha creado bastantes problemas. Eso sí… Bien “pancha” que me quedo cada vez que digo lo que pienso y no lo que los demás quieren que diga.

Gracias por todas las veces que me subiste la autoestima diciéndome que sí soy guapa. Por sacarme sonrisas con tus chistes malos y verdes (porque sí… Eran MUY MALOS y MUY VERDES). Supongo que escribirte esto es la única manera que encuentro de pedirte perdón por haber sido injusta contigo y por no haber sido capad de ver lo que estaba pasando. (Y por haberlo descubierto tan tarde). Cuando el dolor nos ciega, somos incapaces de pensar con la mente. Pero de todo se aprende en esta vida. Sobretodo de las malas experiencias. Tú me lo enseñaste. Y gracias. De verdad… Gracias de todo corazón.

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P.D. Ya se que no te voy a recuperar poniendo un texto empalagoso en este blog (posiblemente también empalagoso), y ciertamente, tampoco es esa mi intención. De hecho, no pretendo nada más que enmendar una injusticia. A parte de que nunca he querido lo que tu te pensabas que yo quería. (Es que hay que ver lo mal pensado que llegabas a ser..) (Y seguramente, lo seguirás siendo). Algunas cosas no cambian nunca. Y algunas personas, tampoco. 😀

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Saludos,
Nawin.

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