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“Me duele el cuerpo, como si creciera hacia adentro, no hacia afuera.
Pero más me duele el alma. Esa ansiedad a veces asfixiante.
No busco el amor, pero lo deseo. No quiero liarme tan pronto, pero querría tener más. Mi cuerpo me pides caricias. Mi cuerpo necesita paces que no tengo. Mi cuerpo es un lago atrapado entre montañas, cerca del cielo, y de la luz, pero lejos de los seres humanos. Mi cuerpo es la vida, y ella es cuanto tengo.
Pero más me duele el alma. Esa angustia siempre inexplicable.
Deseo y amor. Necesito hacer sola la primera parte del camino. Soy consciente de ello… […]
Me duele el cuerpo, porque aunque es mío no puedo dominarlo y me traiciona con sus burlas.
Pero más me duele el alma, por ese miedo que no sé de dónde viene ni a dónde va.
Soy una desconocida para los demás, y para mí misma. Busco mi identidad. A los demás les parezco una quimera, una ilusión. Ellos quieren progranarme, y yo solo busco salir del laberinto. Me siento emocionalmennte frágil, temerosa e insegura. Y sin embargo, sé que voy a lograrlo. ¿Es un contrasentido? Tal vez. Jordi dijo que hay que vivir en la duda perpetua para llegar a la certeza relativa.
Ahora estoy triste, ahora estoy alegre. ¡Zás! Cambios. Rechazo la autoridad. Soy rebelde. Pero lo entiendo, así que también soy maleable. No digo “no”; porque sí. No digo “sí” y amén. Soy crítica. He de serlo. No me gusta el mundo injusto en el que vivo. Tampoco les gustó a los de los años sesenta, ni les gustará seguramente a los jóvenes del 2025. Tenemos el derecho a decir “no”, a decir “basta”, y a exigir. Y tenemos la obligación de luchar para cambiarlo todo. Quiero intentarlo.
   Me duele el cuerpo.
   Pero más me duele el alma.
   Siento, luego estoy viva.”

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Espero que les haya gustado. El autor de este texto es Jordi Sierra I Fabra, uno de mis escritores españoles favoritos. De su novela “Rabia”, en la que relata la vida de Patricia, una jóven a punto de cunplir los 17 años, que se siente con ganas de comerse el mundo, pero siente que nadie la entiende. Solo su mejor amigo, Gabriel y Dimas, un guitarrista que la ayuda a encontrarse consigo misma.

A mí esta parte de libro, me encanta porque me identifico mucho con la protagonista. Tengo casi 22 años, pero a su edad, también me sentía perdida y desorientada, con ganas de gritar fuerte. Luego encontré, como ella, a una persona especial que me sacó de ese pozo sin fondo que es sentirse sola y me hizo verme tal y como era: alguien con sentimientos y con ganas de vivir.

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Un saludo,
Nawin.

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