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Recuerdos. Aquel verano echándonos de menos y deseando volver a Madrid para vernos otra vez. Aquel otoño juntos. La lluvia rozando nuestra cara. Aquel invierno entre abrazos y caricias y películas en tu salón mientras la nieve caia en la calle y se formaba un bella estampa típica de los cuentos de los hermanos Grimm. Aquella primavera entre lienzos de flores y promesas de felicidad que nunca se cumplieron. Aquellas risas, aquel anillo de oro en forma de corazón, aquel colgante en forma de sueños y sonrisas… Aquellas cartas de amor. Los miles de poemas que me dedicaste. Recuerdos. Tal vez ya nada importe. No ahora que te has ido para siempre. O tal vez si. Tal vez siempre importarás. Tal vez los recuerdos sean las cadenas que nos atan a personas que han desaparecido para siempre. Tal vez la nostalgia sea la pesadilla de los sentimentales. De las personas como tú y como yo que vivimos en un mundo de sentimientos… En un mundo de grises al que hay que llenar de colores. Recuerdos. Sus ojos del color de los árboles en otoño. Su mirada. Su sonrisa. Recuerdos. Nostalgia. Añorar sus chistes malos, sus maneras, su buen corazón. Recuerdos. Esas ganas inmensas de verle, o la tristeza de no vernos en semanas. Todo eso formaba nuestro mundo. Pero los mundos también pueden ser destruidos a base de lágrimas y de palabras. Palabras como cuchillos. Abrazos negados. Miradas sin luz, apagadas. Besos robados nunca devueltos. Saber que ya no podrás mirarle nunca más sin sentir que algo se te a roto dentro de tí como un frágil cristal. No poder dormir junto a él de nuevo y verle amanecer. Recuerdos. Promesas que ya no valen nada. Saber que siempre esperarás a alguien igual de especial que él… Y en el fondo saber a ciencia cierta que no lo encontrarás porque él era único en este mundo. Otro invierno más a solas sin su cándida sonrisa y sus abrazos que derritan el hielo de mi cielo. Ese frío en mi interior. Sueños rotos.

 

 

Saludos,
Nawin.

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