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Puesto que hace unos dias estubimos hablando del bullyng (acoso escolar en español), me gustaría que leyeran esta carta de la madre de una niña que se suicidó tras meses y meses de insultos y palizas en su propia clase sin que nadie hiciera nada por evitarlo.
Es impactante.

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Querido acosador:
Aunque no me conoces, yo a ti sí. Llevas en la frente marcada la M de matón. No encuentro otro calificativo para personas como tú. Porque no te importa para nada el sentimiento y padecimiento de los otros.

Os conozco. Yo a ti te conozco. Durante mucho tiempo unas tipas como tú se dedicaron a destruir la vida de mi hija con la mayor perversidad del mundo. Hoy sólo puedo pedir que la justicia os imponga el mayor castigo.

Yo por mi parte intentaré que su muerte no caiga en el olvido y pese sobre vuestra conciencia si es que la tenéis.

Lo primero que quiero hacer es presentarme. Soy la mamá de Carla Díaz, esa niña a la que destruyeron sus ilusiones, su futuro y lo más importante: su vida. Te conozco, matón. A mi niña la insultabais y agredíais. E incluso animabais al resto de compañeros para que se alejaran de ella. Como si fuera una persona con una enfermedad contagiosa.

Carla era una niña cariñosa, afable, risueña, cantarina y llena de vida y de planes. Era inteligente y sabía lo que quería, ya que tenía una gran personalidad. ¿Acaso eso era motivo de odio hacia ella? ¡Dios! ¡Era una niña, mi niña!

Querido acosador:

Yo quisiera saber por qué. Yo quisiera saber qué daño os hacía. Yo quisiera saber por qué la odiabais tanto. No puedo entender que llevéis tanta maldad dentro.

Gente como tú acabó con ella. Un jueves se levantó, tomó su desayuno, me colmó de besos… y no volvió. ¿Por qué? Porque cuatro niñatas de mierda se cruzaron en su camino. Ella sólo quería ir al cole y disfrutar como todas las niñas de su edad de aquellas cosas que le gustaban y no tener problemas con nadie, pero cada día se encontraba con personas como tú. ¿Qué le hicisteis ese día? ¿Quién tiene su cazadora y su Blackberry?

A nadie le importaba el que -con su esfuerzo- recuperara las ganas de estudiar, que sacara adelante las asignaturas suspendidas. Cada día os las ingeniabais para humillarla. Si no eran sus gafas, era su condición sexual ¿Por qué os importaba tanto hundirla? Acaso llevar gafas o ser bisexual eran suficientes motivos para sufrir un linchamiento como el que vosotras cometisteis con ella. Qué pena me das, acosador. Porque tu vida estará marcada por todo el mal que has hecho.

Yo querría saber por qué no hubo nadie en su centro educativo que viera en ella una persona y no un número. Quizás fue porque lo único que interesa es que no haya problemas. Todos a callar y aquí no ha pasado nada. ¿Cómo podéis dormir tranquilos? Sólo de pensar que aquel día, durante seis horas de clase, nadie se preocupara de que hubiera un pupitre vacío –el de Carla Díaz-, siento asco. Qué pena tan grande pensar que a mi más preciado tesoro, a mi niña, nadie la echó de menos. No había asistido a clase y nadie se percató de ello. Yo acuso: vosotros, profesores, la teníais que cuidar y proteger.

Querido acosador:

La sociedad dice que no existes, pero yo te he mirado a los ojos y te he visto por dentro. Un corazón ciego. Te escribo esta carta con el sueño de que esto no vuelva a pasar. Para que dejes en paz a los que todo el mundo apalea. Para que te pongas delante de un espejo y te asomes. Dime qué ves.

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Me hago preguntas. Como madre y como ciudadana. Diecinueve meses después del suicidio de mi niña me hago preguntas. ¿Qué educación damos a nuestros hijos si les mandamos callar ante hechos como éstos? ¿Qué están haciendo las administraciones para acabar con esta lacra? ¿Qué parte de responsabilidad tenemos todos? ¿Qué estarías haciendo ahora si nada hubiera pasado?

No quiero ni puedo entender que unas niñas de estas edades puedan llegar a cometer estos hechos. No puedo entender que el castigo sea mínimo. ¿Acaso con unas tareas sociales van a ser mejores personas?

Querido acosador:

No quiero ni pensar a cuántos niños has acosado, cuántos siguen pasando por lo mismo diariamente, cómo duermes.

Cada minuto de mi vida me pregunto si es posible que yo hubiese llegado a tiempo para impedir aquello. Nunca lo sabré, ahora sólo me queda tu recuerdo.

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Te quiero, princesa.

Hasta el infinito.

Y yo ahora me pregunto ¿como es posible que haya pasado algo así? ¿Cómo es posible que haya tantísima maldad en unos cuerpos y unas mentes tan pequeñas? ¿Nadie les ha enseñado lo que es el respeto y la empatía? ¿O es que acaso no tienen sentimientos ni conciencia que les haga saber el delito que estan cometiendo?

Y lo que me parece aún más indignante.. ¿Por qué NADIE hizo nada para detener aquello? ¿Dónde estaban los profesores y el director/ directora del colegio? ¿Dónde estaban cuándo esta niña de 14 años sufría acoso escolar? ¿Por qué cerraron los ojos ante el sufrimiento ajeno? ¿POR QUÉ?

De pequeña (y ya no tan pequeña) yo también sufrí bullyng en el colegio y en el instituto. Y como en este caso, también cerraron los ojos. Recuerdo a mis padres angustiados y al mismo tiempo enfadados porque nadie hacía nada por cambiar la situación. A mi madre llorando porque me veia sola siempre.
De hecho, puedo decir que aún hoy sigo odiando profundamente a esa profesora de segundo de primaria (llamada Margarita), taurina, del PP y Facha como ella sola, que les decía a mis padres y a mi abuelo que yo me inventaba las cosas, que todo eran excusas para no relacionarme con los demás compañeros de clase, sobretodo con los chicos. Que me insultaban jugando, decía la muy… Bueno, no me voy a rebajar a su nivel, porque soy bastante mejor persona que ella. ¿Cómo narices iba a relacionarme con ellos, si no me dejaban ni respirar? Me rompian los libros, me los pintaban con insultos, me rompieron varias mochilas a base de patadas y de pedradas, me hacian la vida imposible en los recreos, les decian a mis amigas que no se juntaran conmigo porque era fea, delgaducha y siempre estaba dibujando y distraida. Que pasa, ¿Qué les tengo que dar las gracias por humillarme y estropearme los 10 primeros años de mi vida? ¿Les pongo en un altar, acaso?
Y luego, me cambié de colegio y todo me fue bien hasta que empecé el instituto. Y allí volvieron a empeorar las cosas. Me encontré al mismo matón de barrio de mi antiguo colegio. Solo que esta vez, no consiguió que me amedentrase. Ya no le tenía miedo.

¿¿¿¿Cuántos niños y niñas van a tener que suicidarse para que entendamos que el BULYING es una LACRA QUE HAY QUE CORTAR DE RAIZ???? Que no son unos simples insultos. Que no todos los niños son iguales, porque igual que a uno le puede dar igual lo que le digan, y hasta se puede reir con ellos, a otro le puede arruinar toda su infancia y su adolescencia, por no decir su vida entera si decide quitársela para no seguir aguantando tal sufrimiento y humillación.

Porfavor, seamos consecuentes con nuestros actos, y enseñemos valores de respeto, solidaridad y empatía a las nuevas generaciones que están por llegar, para que no se vuelvan a repetir casos como el de Carla Diaz, el mío o el de tantos otros niños y niñas.

 

Saludos,
Nawin.

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