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Foto hecha por: Laura Ginés

Y ese es justo en el momento, en el que te das cuenta de que la has cagado, que has hablado más de la cuenta, de que no has pensado antes de hablar. Cuando cuesta coger el sueño, cuando no encuentras una buena postura, y cuando te mueres de frío pensando en si él volverá a querer verte.
Puede que un millón de disculpas no basten para que me perdones, ni consigan hacerte olvidar lo que te he echo sentir, pero te lo juro, me arrepiento.
Me arrepiento de pocas cosas, y esta es una de ellas. Tratarte como un completo desconocido, como si no supiera de lo que de verdad serias capaz. Hacerte sentir lo que en realidad nunca fuiste, y nunca serás.
Lo siento. Lo siento de veras. Sé que fui una imbécil. Sé que perdí tu cariño tras aquella discusión. Y sé que nada volverá a ser igual. Que aquello que se va, no vuelve nunca. No se como pude reaccionar así. Creo que ni siquiera sé porque te hablé de aquella manera. Solo que sentía rabia y tristeza dentro de mi, y no supe controlarlas ni tranquilizarme. Es verdad eso de que es muy fácil confiar en una persona, pero cuando la confianza se pierde, es muy difícil recuperarla. Pero no imposible.
¿Sabes? Si me preguntaran eso de ¿Si pudieras recuperar a una persona, a quien sería? Sin dudarlo respondería que solo hay una persona a la que desearía recuperar, y cinco a las que no desería perder. Y en ambos grupos estas tú. Hay personas que deberían ser eternas. Siempre pensaré que te trajo mi estrella de la buena suerte.

Se que no me creerás cuando te digo que si pudiera abrazarte y curarte todas las heridas que te hice incoscientemente en el mapa de tu piel, lo haría. Te sanaría entero. Pero sé que hay otra personita a tu lado, y es a ella a quien le corresponde esa ardua tarea. Aun así sé que no lo hará como yo lo haría, ni con todo el cariño con que yo le pondría. Porque sí. Porque te mereces lo mejor. Porque te mereces ser feliz. Sea conmigo o sin mí. Porque aunque te dijera que eres idiota y que estaba harta de que me corrigieras todo el rato y fueras mi sombra; nada de eso era verdad. Pero ya sabes como soy. Tozuda y cabezota como yo sola. Ya sabes que nunca me callo nada de lo que pienso porque.. Bueno, porque soy incapaz de callarme. Quería protegerte de ella porque pensaba que no era buena persona, porque me hablaron fatal de ella, (que si se creía una diva, que si era una manipuladora..etc etc) y supongo que me lo creí como una tonta. Y me puse algo celosa. Eras mi mejor amigo.. Y también mi.. Bueno. Eso ya lo sabes y ya da igual, la verdad. Sé que nunca quisiste dañarme, aunque yo pensara que sí. La verdad, fui una idiota. Y un poco egoísta. Y algo ingenua. Debí confiar más en tí. Lo siento. Lo siento muchísimo. Por los dos. Y ya se que no sirve de nada que lo ponga en este blog. (A parte, de que no creo que vayas a leer esto nunca). Que nada te hará cambiar de opinión. Que seguirás dolido y mosqueado conmigo. Pero te estoy siendo sincera como nunca lo he sido. Es difícil mentir cuando se habla desde lo más profundo del corazón.
Un puñetero año enfadados… Un puto año tragándome todo lo que pienso y las ganas de ir y pedirte disculpas cara a cara porque ni siquiera te dignas a decirme un simple “hola”. Pero bueno.. Es lo que tiene el orgullo. Que nos hace decir y hacer las estupideces más grándes del planeta. Así es la vida, por desgracia.

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Foto hecha por: Laura Ginés.

Tú seguirás siendo un eclipse. Un amanecer. Un atardecer. Auroras boreales. Pero yo ya no estaré para verte florecer en mayo, con la llegada de la primavera. Tal vez haya llegado la hora de marchar. Y quiero irme. Pero soy incapaz. ¿Por qué sigo aquí? Quien sabe.
Solo sé que el invierno ha llegado, y que no hay nadie para tapar las goteras que se han abierto en mi interior, y que eso hace que la soledad entre por ellas y que llueva sobre mí. Antes era horrible. Pero ya me he acostumbrado. Te lo prometo. Creo que hasta nos hemos hecho amigas, y ya no duele tanto como antes. La soledad y yo, digo. Lo cierto es que siempre serás mi herida. Mi llaga dentro del alma como un tatuaje dibujado sobre mi piel.

Y hasta cuándo me quedaré en este lugar… No lo sé.

Saludos,
Nawin.

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