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El 28 de Marzo fué el aniversario de la muerte de este gran poeta de guerra: Miguel Hernández. Por eso me gustaría hacerle este pequeño homenaje.

 

..Biografía..

Miguel Hernández suele considerarse epígono de La Generación del 27, y en el enlace con los poetas de posguerra. Nacido en Orihuela (Alicante) en 1910, de una familia humilde, su formación es autodidacta. En 1934 se transladó a Madrid y entabló amistad con Pablo Neruda y con poetas del 27. Luchó con las tropas republicanas durante la Guerra Civil y fué encarcelado en Alicante, donde murió de tuberculosis en 1942.

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..Su obra.. 

Tras su primera experiencia poética, “Perito en lunas” (1933), Miguel Hernández publicó “El rayo que no cesa” en 1933. En este libro se aprecia la unión de una técnica rigurosa con el sabor popular y el sentimiento aunténtico. Sus temas el amor dramático, la vida amenazada por el rayo de la muerte..etc
También el sentimiento de amistad tiene cabida en una de sus más famosas composiciones, “Elegía a Ramón Sijé”, en la que muestra la rabia y la impotencia que la muerte de su amigo le produce.

En 1937 apareció “Viento del pueblo” y con esta obra se inicia su poesia comprometida, tras haber estallado la guerra. El dolor y el desaliento de la guerra se expresan también en “El hombre acecha” (1938).

“Cancionero y romancero de ausencias” (1938- 1941) recoge los poemas escritos en prisión. El lenguaje es sencillo, y los temas, dolosos: el amor a la esposa y al hijo, la libertad, la nostalgia, etc. Los poemas tienen gran concentración emocional; uno de los más entrañables es “Nanas de la cebolla” dedicado a su hijo.

La poesía de Miguel Hernández se caracteriza por su autenticidad humana y por el rigor técnico, con el lenguaje familiar y sencillo.

 

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.”El niño yuntero”.

“Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.”

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El protagonista del poema es un niño que tiene que trabajar en el campo desde muy temprano, destripando terrones y padeciendo todo tipo de estrecheces: fatiga, hambre, marginación… Ante tanta injusticia social, la indignación del poeta estalla con profundo dolor: “Me duele este niño hambriento / como una grandiosa espina, / y su vivir ceniciento / revuelve mi alma de encina.”
“Me da su arado en el pecho, / y su vida en la garganta, / y sufro viendo el barbecho / tan grande bajo su planta.”
 

Y Hernández encuentra el remedio a tan angustiosa situación “¿Quién salvará este chiquillo / menor  que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?”– precisamente en el corazón de los hombres jornaleros, “que antes de ser hombres son / y han sido niños yunteros.”

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Espero que les guste esta entrada, y ya saben que pueden dejar su opinión en cualquiera de las entradas ateriores.

 

Saludos,
Nawin.

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