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Que bonito es poder ayudar a los demás. Saber que eres útil para alguien, que puedes ayudar a mejorar la calidad de vida de otras personas, y también de los animales. Pero sobretodo de los seres humanos.

“Ayudar” es un término que muy poca gente entiende o de la que toma ejemplo. Por eso, admiro el valor y el coraje de todas esas personas que se van de voluntariado con ONGs a otros paises, tan solo para poder aportar su granito de arena para poder crear un mundo mejor. No viajan a esos paises en las mejores condiciones, pero si van con la ilusión y la esperanza de poder ayudar a esas personas que han sido olvidadas por los gobiernos, las televisiones y otros medios, y que viven en la miseria sin que nadie les preste atención alguna o se acuerde de que en este mundo hay cosas más importantes que no tener la última videoconsola, no tener dinero para operarse los pechos o que te haya dejado tu pareja. (Que también es triste, lo reconozco, por propia experiencia, pero que hay cosas más importantes, es a lo que me refiero). Todos tenemos problemas, y siempre hay algo que nos preocupa o que nos entristece. A todos nos gustaria tener un pelo genial, o tener un coche descapotable, o poder viajar cuando se quiera a lugares escondidos en este planeta… ¿Quién no querría tener el último modelo de Iphone sacado hace unos meses? ¿O, por qué no, tener todos los modelitos de ropa que esten a la moda? Pero, si os digo la verdad, nunca me han llamado mucho la atención este tipo de cosas. Soy bastante simple y sencilla. No me gustan los vestidos voluminosos, ni nada por el estilo. Tampoco he tenido nunca todos los juguetes que salian al mercado (a parte de que mis padres no se lo podian permitir. No vivimos mal, pero tampoco somos ricos). Sin embargo, puedo reconocer que siempre he sido bastante “caprichosa” con eso de los libros: me encantaba leer (y me sigue gustando, solo que no tengo tanto tiempo como antes), y siempre he preferido que me conpraran novelas, cuentos y comics, antes que otro tipo de juguetes o ropa. Sobretodo, a partir de los 10 años, cuando me regalaron el primer libro de “Manolito Gafotas”, “Matilda”, “Peter Pan y Wendy” y “Kika Super Bruja”. A partir de ahi empecé a devorar absolútamente todos los libros que me regalaban y a pedir más. De hecho, aún hoy, cuando me preguntan que quiero que me regalen por mi cumpleaños, reyes o noche buena, siempre digo que prefiero libros antes que ropa (puesto que tengo demasiada, y al final siempre me pongo los mismos pantalones y el mismo abrigo de siempre), o cualquier otra cosa. Pensareis que soy un poco rara con lo que estoy escribiendo, o que estoy muy loca (que tampoco lo niego)… Pero bueno, soy como soy. Que se le va a hacer.

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Pero, volviendo al tema del que hablaba anteriormente (si, lo sé, me he ido por las ramas con lo de los libros), la bondad, la solidaridad, la empatía y la capacidad que tienen esas personas para ponerse en el lugar de todos aquellos seres vivos , ya sean animales o humanos, que tan mal lo estan pasando, y el dejar a sus familias en su pais de origen, para irse a otros lugares y ciudades en situaciones de guerra, hambre o pobreza, hace que mi admiración hacia su valor, aumente cada día más. Por eso, debo anunciar, que también yo me meteré algún día, dentro de muy poco, en alguna ONG. Creo que cuando una persona ayuda a otra, también crece como ser humano. Abrir tu corazón y tu alma a otras culturas, a otro tipo de ideas y ponerte en el lugar del prójimo, te hace ser más humano. Y yo quiero crecer como persona. Quiero ser como ell@s, y poder aportar mi granito para poder cambiar las cosas. La convivencia entre todas las culturas, religiones, ateos, mujeres, hombres; animales, plantas, y en general, con cualquier ser vivo, es posible si se lucha con constancia por ello.
Como muy bien dijo La madre Teresa de Calcuta: “La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.”

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No será sencillo, pero seguro que valdrá la pena. Y desde aquí, os animo a reflexionar, pensar y a abrir vuestra mente y vuestro corazón al respeto, y a la tolerancia. Porque, verdaderamente, el primer pilar para ir hacia la paz, es el respeto. El respeto hacia lo diferente. También el saber encajar las derrotas, y ser honesto en las victorias. De la misma manera, la generosidad y la solidaridad también son importantes. La empatía, para poder y saber ponerse en el lugar de cualquier ser vivo. Saber que no puedes hacer algo a alguien que no te gustaría que te hicieran a ti. Asi mismo, tambien hacer por los demas, aquello que te gustaria que hicieran por ti. No aceptar el “ojo por ojo, diente por diente”, ni tampoco tolerar la violencia ni los extremismos. Apartarse de todas aquellas ideas, e ideales que justifican la violencia y que hacen que cada dia se este más lejos de la paz.

Que bonito es hacer cosas por los demás. Ver la cara de felicidad de un niño cuando le cuentas un cuento por la noche, o cuando le llevas al parque. Dar a cada persona una pequeña parte de tí misma. Una pequeña parte de tu mundo. Sacar sonrisas donde antes solo había lágrimas. Dar esperanza donde antes había resignación y tristeza. Y recibir a cambio la grata sensación de que gracias tí, otras personas son, por unas horas, un poco más felices.

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“Al final, las personas más bellas, no son aquellas que tienen una cara bonita ni un buen cuerpo, puesto que todo eso pasa y desaparece con el tiempo; sino aquellas que albergan en su alma los deseos más honestos y gentiles que nadie pueda imaginar. Aquellas que se vuelven indomables ante la adversidad y ante las injusticias.”

Fotos hechas por: Laura Ginés.

Saludos,
Nawin.

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