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Hoy quiero hablar de un tema que me tiene bastante cabreada. La violencia de género.

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Hace una semana ví un debate en la tele en el que se hablaba de un joven de 17 años que le habia metido una paliza brutal a su ex novia de 16 años por haberle dejado. Esta niña, le dejó porque le tenia miedo. Era un chico celoso, envidioso y controlador. Le controlaba el móvil, las llamadas, las fotos, y hasta le decia con quien debía irse y con quien no.

Ella se fue a las fiestas de su ciudad con dos amigas, y a la vuelta, ya de noche, les pidió que la acompañaran hasta su casa porque tenia miedo de que él estubiera alli y pudiera pillarla por sorpresa. Y en efecto, así fue. Las tres adolescentes fueron hasta la casa de la víctima, y allí estaba su ex, esperándola. El joven logró quitarse de en medio a las dos amigas, y a la otra cria la metió en el portal de su casa, y allí le propinó tal paliza que le partió la mandívula entera. Esta niña esta ingresada en un hospital, grave.

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Lo que no entiendo es, como este chaval, al que ella ya había denunciado por maltrato, seguía estando suelto por allí, sin que la justicia hiciera nada. ¿Es que no entienden que este tipo de personas NO cambian NUNCA? Un maltratador va a seguir pegando y maltratando a todas las mujeres que se le pasen en su camino. No se le puede dejar suelto por ahí porque NO es una persona NORMAL. No es una persona con valores de respeto. No merece estar paseándose por la calle como si fuera un ser humano más. PORQUE NO LO ES. NO. Es un asesino. Un sinvergüenza. Un hipócrita. Un ser sin corazón ni alma al que le gusta hacer daño. Un ser dominante y mandón que no soporta ver que alguien no aguanta estar a su lado. Una persona que ni vive ni dejar vivir.

Esteban Ibarra explicaba en la revista “Hablemos de convivencia y tolerancia” la definición de “violencia de género”:
Es un conjunto de actitudes que niegan los derechos a la libertad y a la igualdad entre sexos diferentes. Si bien, el sexismo como tal supone una discriminación para ambos géneros, la vertiente machista es mayoritaria y persistente a lo largo de la historia, ejercitando una opresión hacia la mujer que es acompañada de malos tratos violentos y en no pocos casos de asesinatos de mujeres. También, aunque minoritario, cabe definir el hembrismo, sexismo efectuado del género femenino al masculino.
A diferencia del machismo, en cambio, el feminismo es un movimiento sociocultural en contra de la discriminación de la mujer que NO implica el maltrato y discriminación de los hombres. El feminismo pretende luchar por la igualdad de ambos sexos.

 

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Ahora bien, no solo hay que hablar de violencia machista. También de hembrismo (que NO es lo mismo que el FEMINISMO, asi que no confundamos términos), ya que, también hay una pequeña proporción de hombres que han sido maltratados a manos de sus novias y esposas. (Yo conozco a dos).
Y recuerden que no es lo mismo “machismo” que “violencia de género”. El machismo es algo concreto, sin embargo, la violencia de género abarca tanto el machismo como el hembrismo. Os digo esto porque estamos acostumbrados a ver a los medios de comunicación (en anuncios, peliculas.. Etc) que la violencia de género solo es contra la mujer, y NO… NO es lo mismo. Asi que, mucho cuidado con esto.

En 2011, siete hombres murieron a manos de sus parejas o exparejas, según los datos del informe sobre violencia doméstica del Consejo General del Poder Judicial. Los agresores fueron cinco mujeres y dos hombres.

Esta violencia no es comparable a la violencia de género ni en cifras ni en cuanto al origen y trasfondo social y cultural. En ese mismo periodo 62 mujeres murieron asesinadas por sus parejas. Apenas supone un mínimo porcentaje de esta dramática estadística y tal vez esa sea una de las razones que explica la ausencia de estudios específicos sobre las víctimas masculinas.

“Muchas de las mujeres que maltratan a sus parejas han sufrido violencia a lo largo de su infancia y/o por parte de sus parejas. El número de casos de mujeres que ejercen la violencia sin haberla recibido previamente es menor al de los hombres”, explica Iñaki Lajud, psicólogo de la Fundación Aspacia, dedicada a eliminar la violencia, proteger a las víctimas y promover la igualdad.

“No podía creer que mi mujer me hiciera tanto daño”.
Rafael es madrileño, tiene 51 años y estuvo casado durante más de 18 con la que creía la mujer de su vida. Es el único que ha querido contar abiertamente su caso a RTVE. “Al poco tiempo de casarme, todo cambió”, empieza su relato.

“Yo he sido maltratado psicológicamente y también fisícamente. Mi mujer me hacía responsable de todos sus problemas, me hacía sentir culpable e incluso llegó a pegarme un par de veces, de lo cual yo no me defendí, claro”, explica Rafael. “Me gritaba delante de los vecinos en plena calle, me humillaba en público y yo no sabía cómo reaccionar”, reconoce.

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“Un día ella me empezó a arañar la cara y yo le dije a mi cuñado -que vivía con nosotros- que bajara rápido porque no sabía en qué iba a acabar eso. Puso a mi familia en mi contra y me anuló como persona”, explica.

“He llorado muchísimo, y así no se puede vivir”.
Rafael no tuvo la valentía de denunciar a su mujer hasta que se separó. Ahora se arrepiente de no haberse dado cuenta antes. “Estoy con problemas psicológicos y de ansiedad. He llorado muchísimo, así no se puede vivir”, concluye su testimonio.

Es una violencia más silenciosa.
Del informe del CGPJ sobre violencia doméstica se desprenden algunos datos sobre el perfil del hombre maltratado. Ninguno de los asesinados por sus parejas puso denuncia, tenían una edad media de 44 años (en 2010 fue de 42 años). Solo cinco de ellos mantenían la convivencia en el momento de la muerte (un 71% frente al 100% del año 2010) y todos ellos eran de nacionalidad española.

Se trata de una violencia más invisible, silenciosa y enmascarada. A un hombre le cuesta más admitirlo, la mayoría no es capaz de denunciarlo y tiene que ser su entorno quien dé ese primer paso.

“La mayor parte de las denuncias que nos llegan son llamadas de auxilio de mujeres del entorno de la víctima, la hermana, la madre o alguna amiga. Hay muchos que lo niegan, no lo asumen y acaban viendo el maltrato como algo normal”, explica Víctor Martínez Patón, abogado especialista en estos casos.

El hecho de que los hombres maltratados sean pocos en comparación con las mujeres hace que la sociedad no esté tan concienciada como sí lo está con el drama de la violencia machista. Esto, junto al golpe a la autoestima que supone para ellos, la falta de atención de los medios e incluso una menor ayuda ante su tragedia, tampoco ayuda a que el hombre denuncie el maltrato. La vergüenza se apodera de ellos.

Se interpreta como una señal de debilidad, cuestiona su virilidad y masculinidad: “Aquí interviene el factor género, en donde socialmente al hombre se le pide fortaleza, dinero y producción. Admitir y manifestar que está siendo agredido por su pareja se interpreta como una señal de debilidad, que cuestiona su virilidad y masculinidad”, explica el psicólogo Iñaki Lajud.

“En ocasiones los hombres nos han hecho comentarios del tipo: yo no fui a la Policía porque seguro que se iban a reír de mí”. Por todos estos motivos las víctimas se muestran reticentes a contar su historia y es su abogado quien narra sus denuncias en tercera persona.

La historia de Rafael es solo una de las que llega hasta este buffete de abogados especializado en maltrato masculino. Un despacho que recibe unas 100 denuncias de este tipo al año. Patón explica que se dan más casos de maltrato psicológico pero que -aunque a la gente le cueste creerlo- también hay muchos físicos. “Yo he visto casos de costillas rotas, pies rotos a golpes y caras magulladas”, explica Martínez Patón a RTVE.

“Yo he visto casos de costillas rotas y caras magulladas”.
Este letrado cuenta un caso en el que la mujer finalmente fue condenada por maltrato y en la actualidad está a punto de entrar en prisión. Él recibía agresiones constantes. Paradójicamente era un hombre grande, un guardia de seguridad que nunca se defendió de los golpes de su mujer, de complexión menuda. Al principio él no quería denunciar.  “pero al final accedió”.

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Lo peor de todo esto, es lo ciega (o ciego) que se puede llegar a estar a veces por otra persona, de tal manera que no puedas ver que no es buena (o bueno) para tu vida. Creo que lo más importante en estos casos de violencia de género, es que se sepa que si tu pareja te quiere y te ama de verdad, NUNCA, pero jamás de los jamases, hará NADA que pueda perjudicarte. Una persona que te quiere, siempre intenta ayudarte y hacerte sentir que eres especial para él. (O ella). Hace que mejores como persona y como ser humano. Hay que saber ver ese límite entre lo que pueden ser unos celos pequeños (que todos hemos estado celosos y celosas alguna vez en nuestras vidas, y no pasa nada), a que esos celos sirvan como excusa para controlar, para hacer daño a tu pareja. Porque entonces, eso ya NO es una relación de amor sana. Es una cárcel, un cautiverio interior en el que hay miedo y temor a hacer algo que a la otra persona no le guste y pueda pagarlo contigo. Pasa que, en cuanto se atisban las primeras señales de violencia psicológica en comentarios como: “llevas demasiado escote”, “que falda más corta, te van a mirar el culo todos los hombres”, “no te maquilles que pareces una puta”, “eres mía y de nadie más”, “no me gusta que vayas con ese amigo tuyo porque te mira demasiado” (Y esto también se puede aplicar a la violencia por parte de la mujer hacia el hombre), ahi ya hay que poner fin a esa relación, o almenos, buscar una solución. Porque tras esos insultos y vejaciones, vendrá la primera paliza, la primera hostia, los primeros moratones en la cara y en el cuerpo. Cada día que no se denuncie al agresor (o agresora), será un dia más en el que el miedo y la obsesión puedan alcanzar a dicha víctima. Como una droga, que tras probarla, es imposible dejarla, y te va consumiendo día tras día.

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Foto hecha por: Laura Ginés.

Espero que les haya hecho reflexionar y que nadie se sienta molesto con esta entrada. He intentado ser lo más imparcial posible.
Ante todo, (y no lo niego), soy feminista. Pero creo que porque haya mas muertes de mujeres, no hay que negar que también existe la violencia contra los hombres. Solo que hay menos casos.

 

Saludos,
Nawin.

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