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“Un recuerdo que te frena totalmente, detiene tu vida, hace que rompas con todo lo que querias o con todo lo que tenias, que necesitabas día a día y te encantaba. Hace que te acuerdes de aquel momento y de lo que sentías por esa persona, y se te mezclan con lo que sientes por la otra, te frena, y te destroza lentamente cuan tortura.”

Solo somos recuerdos de un pasado. De un pasado feliz, pero pasado al fín y al cabo. Y ya no nos queda nada. Nada de aquellos dias. Nada de aquellos momentos que nos hacían sonreir. Nada. Solo eres un recuerdo que a veces ronda por mi cabeza intentando llegar a mi corazón sin conseguirlo. Bueno, a veces si que lo logras, y también que alguna lágrima rebelde se salga de mis ojos. Somos aquel sueño del que ambos despertamos sin saber muy bien porqué. Supongo que hay personas que estan destinadas a quedarse en tu corazón pero no en tu vida. Y eso duele. Soy un ser humano, no una piedra, y tengo sentimientos. Asi que, sí, algunos recuerdos son como cuchillos clavados en el corazón, por el dolor que causan. Sobretodo las palabras. Las palabras pueden hacer mucho daño si se quiere. Demasiado. Sobretodo un “adios”. O las promesas nunca cumplidas. Las ilusiones marchitadas. La esperanza partida en dos.

Hay heridas que ni el tiempo puede curar. Las escondes y pones buena cara para fingir que estas bien, que no te estas rompiendo poco a poco por dentro, que no te desgarran el alma, que no te duelen. Tal vez las heridas duelen menos ahora que ya me he mentalizado de que todo tiene su principio y su final, y que hay personas que solo son un recuerdo que te llena el corazón y los ojos de lágrimas. Pero como se suele decir, tras la tormenta, viene la calma. Nada es para siempre, ni siquiera la tristeza. Lo que hoy es una pesadilla, mañana será un sueño. Lo que hoy son lágrimas, mañana serán sonrisas.
Cuando las cosas se rompen, no es el hecho de que se rompan lo que impide que vuelvan a repararse. Es porque pequeñas piezas se han perdido o deteriorado, se han dado de sí, los extremos ya no pueden encajar otra vez aunque quisieran hacerlo, han perdido la forma… Han perdido el sentido de ser. Cuando un jarrón de prcelana se rompe, cuando lo pegas con loctite, ya no se queda igual. Quedan grietas. Con el amor pasa lo mismo. Por mucho que se den oportunidades, siempre quedan los malos recuerdos. La confianza rota. El miedo a una nueva ruptura, a sufrir otra vez. Tal vez sea mejor así. Cada uno por su parte. Sin que sepa nada de mi. Solo nos hicimos daño. Tengo cada herida escrita con tinta de adiós en mi piel. Cada recuerdo. Cada dolor. Cada lágrima. Supongo que espero a que alguien venga y sea capad de curarlas. De curarme. De que venga a mi vida, y cuando quiera irme, no me deje hacerlo, me coja de la cintura y me abrace. Que se quede a mi lado para siempre. Pero no un para siempre que dure dos dias, un para siempre que le haga justicia al significado de la propia palabra. Un para siempre que sea un estoy a tu lado en lo malo y en lo bueno. En la saluz y en la enfermedad. Un si tú lloras, yo te hago de reir, o lloro contigo. Ese es el para siempre que yo quiero. Algo que dure toda una vida, alguien que cosa con caricias y besos cada cicatriz, cada herida que haya en mi alma. Alguien que se quede, y no se vaya nunca. Alguien con quien decir ¡Que bonita es la vida! Alguien con quién compartir el desayuno, la comida, la merienda y la cena. Y todas las estaciones del año, y poder llamarle “el amor de mi vida”. Y creo que lo he encontrado.

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Saludos,
Nawin.

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