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Había una vez una estrella, allá, a lo lejos, en el firmamento, que brillaba en todo su esplandor y por las noches, alumbraba a los habitantes del planeta llamado Esperanza.
Esa estrella, se alimentaba con los sueños de los niños y niñas que por las noches soñaban cosas alegres, y eran felices sin prejuicio alguno. Los habitantes de ese planeta, siempre se respetaban entre ellos. Estaba dividido en dos continentes, Amor y Tolerancia. 

Dicen que fué creado por tres dioses: El Dios del respeto, la Diosa del amor y el Dios de la honestidad.

Sin embargo, cuenta la leyenda que también había un cuarto Dios, cuyo nombre era Odio.
Cuentan que ese Dios se peleó con los otros tres, pues no estaba de acuerdo con la creación de sus compañeros.

Al sentirse atacados por Odio, tubieron miedo, y entre ellos decidieron poner una solución a su problema: había que expulsar a Odio del Olimpo y encerrarle, para evitar que corrompiera a los seres de tan hermosa creación.

En su mundo, no existian las “razas”, y cada ser vivo, ya fueran animales, plantas o seres humanos, convivian en armonia con sus semejantes, respetando siempre los derechos de cada uno, sin invadir el espacio de nadie.
Había grándes praderas y frondosos bosques, numerosos hábitats naturales, un monton de especies de animales y de plantas, selvas, y también algún que otro desierto. El aire se respiraba limpio y las aguas eran cristalinas; tanto, que se podian ver a los peces y a los animales marinos nadar tranquilamente.
En cuánto a los humanos, eran buenos los unos con los otros, y enseñaban a sus hijos el valor del amor, del respeto, de la amistad, de la solidaridad… Aprendian desde niños a valerse por si mismos, al mismo tiempo que también aprendian a querer a su familia. El respeto siempre era un pilar para la convivencia entre ellos. Todo funcionaba tal y como ellos lo habian planeado.

Hasta que un día, de repente, algo empezó a ir mal.

Una oscura sombra se cernía sobre ambos continentes. Esa sombra, abanzaba sin cesar, oscureciendo el cielo e impidiendo ver las estrellas… Y a la Gran Estrella.

Como podreis adivinar, el Dios Odio, consiguió escapar de la prisión donde sus compañeros le encerraron.
Los campos se llenaron de plagas, y las aguas de los rios, lagos y mares se tornaron oscuras, y apenas habia agua potáble y el fuego arrasaba los bósques y las selvas, extinguiendo así a muchos de sus animales. Pero lo peor aún estaba por llegar: Odio logró sembrar la semilla de la discordia, de la ambición y la maldad en el corazón del ser humano.
Y con ello, nació la gran aliada del Odio… La Guerra. Ésta sembró de caos en ambos continentes, ahora enfrentados por todos los males que había sembrado en ellos el  odio; la lujuria, el egoismo y la intolerancia, hacían que se mataran entre ellos, que destruyeran toda la belleza que sus Dioses habían creado.

Y la estrella, que antes brillaba como ninguna, empezó a apagarse lentamente. Poco a poco, iba perdiendo la radiánte luz que años antes, habia irradiado. Eso solo presagiaba cosas malas, porque si la estrella se alimentaba de los bellos sueños y las alegrias de los niños, y ahora apenas se veia su luz desde lo lejos, significaba que los infantes habían dejado de soñar, de bailar, de correr, de reir…de vivir felices, por lo tanto, la estrella ya no podía alimentarse de tan bellos sueños y deseos. Pronto, dejaría de iluminar el planeta y a sus habitantes. Todo se quedaría a oscuras.

La guerra lo estaba arransando todo, la semilla del Odio se hacía cada vez más grande, si seguia creciendo, sería imposible salvar el planeta.

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Y cuándo todo parecía perdido, que no se podría salvar ese mundo de semajante barbarie, algo empezó a cambiar inesperadamente.

Continuará.. 

Espero que les haya gustado. Mañana tendrán la segunda parte.

Saludos,
Nawin.

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