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Se fué. Se marchó como si de un sueño se tratara. Dejando un trocito de él en mi. Se fue como la brisa dulce de verano.
Daban ganas de morir en él. De morir mirándo sus ojos. Cuando se reia era como una ducha en el paraiso. O en el infierno. Según se mire. Cuando él se dormía, el cielo lloraba, y cuando se despertaba, todo volvía a la vida. A su lado no había peligro ni barrera que no pudiésemos vencer juntos, ni miedos que atrapar y destruir.

Pero se a ido. Para siempre. Que odiosa resulta ahora esa palabra a mis oidos. Me dan ganas de estrellarla contra la parez y gritar. Gritar muy fuerte. Mi vestido azul, aquel que me puse para esa noche de invierno, duerme en el baul de los recuerdos del trastero, a la espera de que un milagro le traiga a mi vera.
Ahora las noches son eternas y oscuras sin la luz de su sonrisa y las estrellas lloran su ausencia. Mi cama se pregunta cuándo volverá, y las flores de mi habitación se pusieron tristes al no poder contenplar la dulzura de su cuerpo. Parecía como si Dios le hubiese creado tan solo para mi. Que perfecto era. Acariciar su piel era como rozar miles de perlas. Y sus besos eran mi única droga. Mi alimento, mi agua. ¡¡Bendita adicción!!- le dije abrazándole un dia de esos.

Y yo echo de menos aquella noche del 14 de febrero en el que mi vida cambió para siempre con el roce de sus labios. Con el roce de una promesa.
Parecía mentira que estubiera disfrutando de esa noche con él. Contando las estrellas que habían decidido salir para vernos reir. Le dije que cada estrella que brillaba con fuerza significaba el nacimiento de un nuevo amor. Se quedó callado, me miró y me dijo: “Entonces seamos padres de una nueva estrella” y sonó un cálido beso, que derritió la nieve de nuestros labios. Creo que es lo más bonito que he hecho en toda mi vida. Querer a alguien. Quererle. Eran miles de trocitos de ternura. Me robaba el tiempo con cada sonrisa y mirada suyas. Era una montaña rusa de emociones.
Creo que nunca llegué a recuperar ese tiempo. Hasta eso se llevó consigo.
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Nevaba y sus ojos brillaban cuan estrellas fugaces, haciendo que el tiempo se parara tan solo para nosotros dos.

Saludos y espero que les haya gustado.

Con mucho gusto,
Nawin.

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