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“Estaba cansada de vivir así. De vivir como vivía. Estaba cansada de llorar, de ser quien era. Su sonrisa ya no era más que una sombra perdida en la oscuridad de su alma. Había dejado ser la persona alegre y carismática que era en su juventud, había pasado de ser una persona con carácter pero dulce, a ser una mujer sumisa, apocada, triste, todo lo que nunca quiso ser.
Vivía en una pesadilla de la que no tenía ni idea de como habia entrado, y de la que no tenía fuerzas para salir.

Tenía dos hijos y una hija, lo único por lo que salía cada día a luchar, lo único que le daba fuerzas para vivir.
Todas las mañanas se levantaba a las cinco y media, se duchaba, desayunaba lo que podía, y nada más terminar, despertaba a los niños, los vestía, y les llevaba al colegio, después llevaba a la niña a la guarderia, y nada más llegar a casa se ponía a limpiar y cuando habia terminado de hacerlo, se ponia a cocinar.

Todo esto hubiera estado muy bien sino hubiera sido porque estaba sola siempre. No sola en lo referido a estar “sola de no tener a nadie en casa” sino “sola de que nadie la apoyaba”.

Porque no tenia un marido que la quisiera de verdad, que le ayudara con las tareas de la casa, que llevara a los niños al colegio y a la guarderia, que hiciera la comida, o la cena, no tenia un marido que la llevara al teatro o al cine… O simplemente, que la abrazara y la besara con el amor merecido.
Su esposo no era más que un energúmedo, un hombre que solo se amaba y se queria así mismo, un hombre que no miraba ni siquiera por sus hijos.
Cada día era la misma rutina de siempre. Ella volvía de trabajar como camarera y se ponía a hacer las tareas de la casa. Él llegaba del trabajo…y nada más llegar, se sentaba en el butacón del salón y gritaba con fuerza “¡¡Mujeeeeeeerr, traeme una cervezaaa!! o ¿Está ya la comida?”, y cuando hacía mal algo y a él no le gustaba, entonces se ponia a insultarla, a gritarla, y muchas veces, hasta la pegaba.
Aquello era un infierno. Cada día era peor. Era como estar en una cárcel de la que no puedes escapar por más que lo intentes. Y ya no podía más. No podia seguir asi. Solo tenia 30 años.
¿Cuánto más iba a poder aguantar? Si no buscaba una solución a aquello, tarde o temprano ocurriria una desgracia. Y la que saldría perdiendo, sería ella y sus hijos. ¿Pero qué podia hacer? Sabía que si se divorciaba, no tendría nada. Tendría que volver a casa de su hermana o de sus padres, pero ellos no podrian mantenerla por mucho tiempo. Y tampoco cabian en la casa. Aunque ella trabajaba, sabía que con su dinero, no podría mantener a sus hijos y a su hija. Tampoco pagarles el colegio.

Pero si no salía de aquella casa, nunca más volveria a ser feliz, él le seguiria absorviendo su vida, quitándolsela poco a poco. Día tras día. Semana por semana. Año tras año. Así hasta que un día ya no le quedara más vida por vivir.

Hasta que un dia, cansada ya de llorar, de sufrir, de ver sufrir a sus hijos, de sentirse impotente ante esa situación, decidió plantarle cara a la vida.

Tomó la decisión que deberia haber tomado hace años.
Le pidió el divorcio a su marido.
Aunque como suele pasar, aquello no acabó del todo bien.

La noche del 25 de septiembre, una vecina encontró el cuerpo ensangrentado pero con vida de una mujer de 30 años. Tenía magulladuras y cortes por todo el cuerpo. Afortunadamente, en el hospital lograron salvar su vida. Pero le quedaron secuelas para siempre, una depresión que tardaria en desaparecer, pérdida del 50% del oido derecho, marcas por todo el cuerpo, y la impotencia de no haber sabido cómo protegerse de aquel engendro humano del que años antes, cuando era una adolescente, se había enamorado perdídamente.
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Pero almenos, aquella pesadilla había terminado para siempre. Sus hijos estaban bien. Y lo más importante, al saber que su ex marido había sido detenido y condenado a 30 años de cárcel, supo que porfin podría empezar una nueva vida lejos de aquel ser, junto a su familia, sus amigas y por supuesto…sus hijos, lo que más queria en esta vida.¨

 

Espero que les haya gustado y les haya hecho pensar.

Saludos,
Nawin.

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