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Todo se queda en la memoria. Siempre lo digo. Pero hay recuerdos, lugares y personas que se quedan no solo en la cabeza, sino también en el corazón. Los buenos momentos, la risas, los chistes… Aún así hay veces en la vida, que por desgracia nos pasan cosas malas, sin saber por qué. Esos recuerdos se nos clavan en la memoria, y luego te dañan el alma de por vida. Porque aunque se quiera, no se pueden olvidar. Estarán siempre ahí, apartados pero no extintos.
Hay que gente que dice que el tiempo lo cura todo y que las heridas del corazón se cierran y dejan de doler..

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Pues yo opino que no. Que nada se olvida. Todo perdura en el recuerdo, en la mirada, en la mente.. Y en el alma. No es que deje de dolernos, es que simplemente, aprendemos a vivir con ello. A aceptarlo. No nos da igual, pero nos resignamos. No nos queda más remedio que llevar esa carga acuestas. Cargar con esos momentos malos y tristes, y los dejamos escondidos en un recóndito lugar de nuestra alma, evitamos pensar y recordar que alguna vez existieron, aunque sepamos que siempre serán una espina clavada en el corazón.
Todo eso te marca. Te deja un recuerdo que hace que desconfies de la mayoría de las personas, no porque te hayan hecho algo malo, sino para estar alerta por si de verdad desean dañarte. Aunque no solo son los recuerdos malos los que nos hieren. A veces los buenos momentos pasados con gente especial también pueden llegar a dañarnos. Nos entra nostalgia.

(Si, ese momento detestable en el que empiezas a echar de menos momentos y personas irecuperables.)

Es una forma que tiene nuestro “yo” interior de estar alerta ante  posibles daños morales y en nuestra autoestima.
Aunque probablemente, ni siquiera puedas evitar que te hagan daño. Pero todo queda en el recuerdo. Todo queda ahí, en nuestra alma. Y todo sirve de experiencia.

Y sin embargo, creo que es mucho mejor tener esos recuerdos que no tener nada.

Saludos,
Nawin.

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