Alba no se lo podía creer. Había aprobado todas en segundo de bachillerato, con dos notables y lo demás todo sobresaliente y una matrícula de honor. Y acababa de cumplir los 18. Ya era mayor de edad. Ya era mayor para vivir su vida. Para independizarse. Además, había ganado un concurso de literatura y se iba a Alemania este verano como premio (del concurso), y en septiembre se iria a Londres a estudiar su carrera universitaria. Estaba eufórica. Y transmitía felicidad por todos lados.

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Al fin había llegado el momento tan esperado desde que tenía 12 años. Por fin podía ser libre, idependizarse, trabajar, irse de fiesta con sus amigos… Por fin era lo suficiente mayor para vivir como quisiera. Su sueño iba a cumplirse. Ahora podría estudiar Bellas Artes.

Porque, además había sacado un 9 en la selectividad. Iba a ser el mejor verano de su vida. Echaba chispas de felicidad.
Después de lo mal que lo había pasado todo el curso, el estrés de los exámenes, la muerte de su novio en un accidente de moto a principios de curso (hecho que la había destrozado por dentro), la separación de sus padres y otras cosas más, por fin algo bueno le estaba pasando. Una alegría, una ilusión. Su vida volvía a su cauce por fin.

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Todo un año de trabajo, sin apenas salir de fiesta, sin distracciones, y poniéndole valor y empeño, había logrado parte de su meta, a pesar de todo.
Su constancia, su amor propio y ganas de vivir le había permitido salir adelante. Sin rendirse, levántandose después de cada “caida”. Los malos momentos no le había hecho más devil, al revés, le había dado mucho más coraje para enfrentarse a la vida. Nada ni nadie podría nunca con ella.

En la fiesta sorpresa que le hicieron sus amigos, le dedicó el premio ganado en el concurso a su novio, que aunque no estuviera físicamente con ella, si lo estaría en el cielo, apoyándola; y sus buenas notas a sus padres, que aunque separados, la seguían queriendo igual, y a su hermana mayor.

Era feliz. Todo parecía un sueño. Un sueño demasiado real.

Se sentía fuerte para seguir luchando por sus sueños, por llegar a su meta. Por seguir en su camino y escribir con amor su destino y su futuro. No se rendiría nunca. Había que hacer frente a la adversidad.
Le habían sucedido cosas muy malas y tristes, si, pero ya no podía hacer nada para cambiarlo. No podía pensar en el pasado, en lo que había dejado atrás. Y aunque sabía que no podría compartir ya nunca su vida con Adrián debido a su fallecimiento, le llevaría por siempre en su corazón. Pero no podía hundirse ahora, no podía flaquear. Él querría que fuera fuerte y no decayera.

Porque tenía un futuro lleno de felicidad y de sueños por cumplir por delante. No iba a rendirse ahora después de lo que le había costado llegar hasta donde estaba.
Además, todavía tenía a sus padres, a su hermana, a su familia y a sus amigos y amigas.
Era más que suficiente para seguir adelante.

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Una sonrisa asomó por su rostro. Y en su mente resonaba esa canción de Mago de Oz: “Hoy toca ser feliz..”

 

Espero que les haya gustado.

Saludos,
Nawin.

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