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Quiero volar. Si. Como leéis. Pero no volar en el sentido de crearme unas alas y tal, no. Me refiero a salir de casa. Viajar. Expandirme. Salir. Vivir mi vida. Ser feliz. No quiero estar atada a nada ni a nadie. No quiero anclarme en el pasado, ni tampoco desesperarme por lo que vaya a pasar en el futuro.

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Me siento angustiada, astiada, “atrapada” en algo que yo no he elegido para mi misma, “oprimida” por momentos que se que no volverán. Se me viene abajo el cielo, y hay días que las cuatro paredes de mi habitación se hacen más pequeñas. Salgo por Rivas Vaciamadrid, y siempre veo lo mismo. Necesito experiencias nuevas… Momentos nuevos. Personas nuevas. Porque a pesar de todo, soy alegre. Y nada ni nadie puede ni podrá conmigo nunca.

¿Por qué siempre pensamos en lo que pudo haber sido y no en lo que se es? “Si hubiera hecho tal cosa, ahora no estaría así..”, “si me hubiera dado cuenta antes…”. Nos martirizamos demasiado con el pasado, cargándonos con todo el peso. Y eso no es justo, ni es sano para nosotros. Así solo nos limitamos.

Si continuamente pensamos en lo que “pudo haber sido”, no daremos una oportunidad a lo que podría ser si le damos una oportunidad al presente. Solo dejando atrás el pasado, podremos ser felices. El pasado no trae nada bueno, sino no se llamaría así.
Y pensando en el futuro, tampoco llegamos a ningún sitio, ya que el futuro es incierto, y nunca sabemos cuando se puede torcer el camino. Un día estas en un lugar… Y al otro día estas en otro que no te esperabas. Un día eres feliz con una persona, y al otro te das cuenta de que ya no esta a tu lado, y te lamentas. Al día siguiente, otra persona mucho mejor que la anterior entra en nuestras vidas. O no, quien sabe.

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Pero hay puertas que hay que cerrar totalmente, porque otras nuevas pueden abrirse sin que nos demos cuenta, y sería una lástima que no entráramos. Viviendo el presente, lograremos formar nuestro futuro. Somos dueños de nuestra vida y el camino solo lo recorremos nosotros, y nuestra es la decisión de escoger la manera de recorrerlo y de las personas y momentos que queremos que nos acompañen. Hay que saber elegir. Hay que saber lo que uno quiere o desea para si mismo. Que nadie tome decisiones por nosotros. Tenemos el deber y la obligación de ser capaces de salir de cada momento malo, de no estancarnos. No hay que vacilar ante las adversidades ni los problemas, y no rendirnos. Porque una vez que te rindes, o que vacilas en el camino, estas más cerca de tu propia perdición, de tu propia derrota.
Tenemos el deber y la obligación de no rendirnos nunca. Y de aprender con cada error para no volverlo a cometer.

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“Quiero volar. Necesito irme de aquí. Mío es el presente, y mía es también la oportunidad de elegir mi propio camino.”

 

Espero que les haya gustado.

Saludos,
Nawin.

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